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Ana Lara (1959)

     Breves sombras

Ludwig van Beethoven (1770-1827)

     Concierto para piano núm. 4 en sol mayor Op. 58

Antonín Dvořák (1841-1904)

     Sinfonía núm. 8 en sol mayor Op. 88 / B. 163

 

 

 

 

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​Sylvain Gasançon, director titular

Lukas Geniušas, piano

9 de octubre, 2026.     20:30 horas

Teatro Juárez. Guanajuato, Gto.

11 de octubre, 2026.     12:00 horas​​

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Sala Nezahualcóyotl

$1,800.00          $1,200.00          $900.00

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                                              Venta de boletos

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FESTIVAL CERVANTINO, Festival CulturaUNAM.

FESTIVAL CERVANTINO: FESTIVAL CULTURAUNAM

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-- ANA LARA (1959). BREVES SOMBRAS. Duración aproximada: 8 minutos

Cuando Ana Lara conversa con Beethoven sin citarlo

“Toda gran tradición proyecta una sombra; Ana Lara decidió convertir esa sombra en música.”

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¿Cómo se homenajea a Beethoven sin tocar una sola de sus melodías? Ana Lara respondió con Breves sombras.experiencia física.

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La obra fue estrenada el 19 de noviembre de 2022 por la OFUNAM, bajo la dirección de Ludwig Carrasco, en la Sala Nezahualcóyotl. Fue un encargo de la orquesta para conmemorar los 250 años del nacimiento de Beethoven.

 

Lara evitó las citas reconocibles. En lugar de mirar al pasado como una copia, exploró qué permanece de un compositor con el paso del tiempo: una huella, una memoria, una sombra, tomando únicamente como base la misma instrumentación original de la Sinfonía núm. 8 de Beethoven.

 

La obra se construye con color, textura, contraste y silencio. Los timbres cambian, las sonoridades se transforman y pequeñas células musicales mantienen un movimiento continuo. Beethoven aparece como una presencia, no como una cita.

 

El estreno también tuvo un valor simbólico: una orquesta universitaria mexicana presentó una obra nueva de una compositora mexicana en uno de los espacios musicales más importantes de la UNAM.

 

Breves sombras demuestra que un homenaje no necesita imitar al pasado. Puede abrir un diálogo desde otro tiempo y otro lenguaje, recordándonos que la tradición sigue viva cuando inspira nuevas voces.

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--LUDWIG VAN BEETHOVEN (1770-1827). CONCIERTO PARA PIANO NÚM. 4 EN SOL MAYOR OP. 58. Duración aproximada: 35 minutos

“Antes de desafiar a la orquesta, Beethoven dejó que el piano pronunciara la primera palabra.”

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El 22 de diciembre de 1808, en el Theater an der Wien, Beethoven presentó su Concierto para piano núm. 4 en sol mayor, Op. 58, con él mismo como solista.

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Desde el primer compás rompió una costumbre: el piano habló primero. Sin una larga introducción orquestal, aparece solo, casi como un pensamiento, y la orquesta responde. Desde entonces, ambos dialogan, intercambian ideas y transforman los temas. El piano no busca solo lucirse: tiene algo que decir y la orquesta escucha.

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El segundo movimiento lleva ese diálogo a un terreno más dramático. Las cuerdas avanzan con severidad, mientras el piano responde con serenidad y contención. De ahí surgió la célebre asociación con Orfeo frente a las Furias, aunque Beethoven nunca confirmó esa lectura.

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El Rondo: Vivace rompe la tensión y devuelve el movimiento. Piano y orquesta se persiguen, se responden y construyen un final lleno de energía.

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Aquella noche fue histórica por muchas razones. En unas cuatro horas, el público escuchó también los estrenos de la Quinta y Sexta Sinfonías, la Fantasía Coral y otras obras. Las condiciones fueron difíciles y Beethoven ya sufría profundamente los efectos de su sordera. Aun así, interpretó su propio concierto, en una de sus últimas grandes apariciones públicas como pianista.

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El concierto también refleja un cambio de época. Beethoven dejó atrás varias convenciones heredadas de Mozart y Haydn y convirtió la relación entre solista y orquesta en un verdadero diálogo. Esa idea tendría una enorme influencia durante el siglo XIX.

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Dedicó la obra al Archiduque Rodolfo de Austria, su alumno, protector y amigo, con quien mantuvo una estrecha relación musical.

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Más de dos siglos después, el Cuarto Concierto conserva su modernidad porque Beethoven no necesitó hacer gritar al piano para convertirlo en protagonista. Bastó con dejarlo hablar.

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¿Tú qué escuchas primero en este concierto: la voz del piano o la respuesta de la orquesta?

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-- ANTONÍN DVOŘÁK (1841-1904). SINFONÍA NÚM. 8 EN SOL MAYOR OP. 88 / B. 163. Duración aproximada: 40 minutos

“Cuando la naturaleza encuentra una orquesta, cada melodía parece nacer del horizonte.”

¿A qué suena un paisaje cuando quien lo mira sabe convertirlo en música?

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A una flauta entre los árboles, una melodía cercana a la canción popular, una trompeta que rompe el silencio o una orquesta que, de pronto, parece ponerse a bailar. Así suena la Sinfonía núm. 8 en sol mayor, Op. 88, de Antonín Dvořák.

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El 2 de febrero de 1890, Dvořák dirigió su estreno en el Rudolfinum de Praga. Después de alcanzar reconocimiento internacional, volvió la mirada hacia su tierra, sus recuerdos y el paisaje de Bohemia. Por eso esta sinfonía parece respirar.

 

Dvořák no cuenta una historia: construye un paisaje. El primer movimiento comienza en una atmósfera sombría hasta que las flautas abren una ventana y la música se expande. Las melodías aparecen, regresan y se transforman con una libertad que contrasta con la construcción más rigurosa de Brahms.

 

El Adagio cambia continuamente de carácter: contemplación, tensión, lirismo y dramatismo. El tercer movimiento, Allegretto grazioso, toma el espíritu de la danza popular y lo convierte en música sinfónica. Es música para escuchar con los pies, aunque estés sentado.

 

El final llega con una llamada de trompeta y la respuesta de los violonchelos. A partir de ahí, Dvořák desarrolla una serie de variaciones que desemboca en una coda brillante y festiva.

 

La sinfonía nació entre 1889 y 1890, buena parte de ella en Vysoká, donde Dvořák tenía una casa de campo. El paisaje no aparece como una fotografía, sino como memoria.

 

Compositor checo dentro del Imperio austrohúngaro, Dvořák podía dialogar con la tradición de Beethoven y Brahms sin perder su identidad bohemia. En la Octava conviven las formas sinfónicas europeas con ritmos de danza, giros melódicos y una energía profundamente personal.

 

Dvořák no intenta demostrar cuánto sabe. Habla de un lugar que conoce, de una cultura y de una forma de cantar y celebrar. Por eso la Octava puede sentirse personal y, al mismo tiempo, abierta para quien la escucha.

 

Más de un siglo después, seguimos caminando por ese paisaje cada vez que suena.

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¿Cuál es tu momento favorito: la entrada de las flautas, el Adagio, la danza del tercer movimiento o la trompeta del final?

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​Notas del programa: Roberto F. Smith C.

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Sylvain Gasançon, director titular

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Originario de Metz, en Francia, Sylvain Gasançon comenzó el aprendizaje del violín y dio sus primeros conciertos a temprana edad. En el Conservatorio Real de Bruselas fue alumno de Endre Kleve. Estudió dirección con Jean-Sébastien Béreau, Gerhard Markson, Gianluigi Gelmetti, Pinchas Zukerman y Jorma Panula en Salzburgo, Siena, Ottawa, Lausanne y San Petersburgo. Cuenta con un título del Conservatorio Nacional Superior de Música de París, así como uno de maestría en musicología de la Universidad de París. Comenzó su relación con la Orquesta Filarmónica de la UNAM en 2005 cuando ganó la segunda edición del Premio Internacional Eduardo Mata de Dirección de Orquesta; desde entonces ha dirigido al conjunto universitario en repetidas ocasiones, y en 2023 fue nombrado director titular. En 2006 ganó el segundo lugar en el Concurso Internacional Jorma Panula en Finlandia. Entre las orquestas que ha dirigido se pueden mencionar la Orquesta Sinfónica Portuguesa, la Filarmónica de Magdeburgo, la Sinfonia Rotterdam, la Filarmónica de Hong Kong, la Filarmónica de Buenos Aires, la Orquesta del Estado de São Paulo y las orquestas sinfónicas nacionales de Argentina, Chile, Colombia y México.​

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Lukas Geniušas, pianoNacido en Moscú, estudió en la Escuela de Música Chopin y en el Conservatorio de su ciudad natal. Obtuvo la medalla de plata en el Concurso Internacional Chaikovski (2015) y en el Concurso Internacional Chopin de Varsovia (2010), además de otros reconocimientos en certámenes internacionales. Ha ofrecido recitales en salas como Wigmore Hall de Londres, Concertgebouw de Ámsterdam, Salle Gaveau de París, Frick Collection de Nueva York y Elbphilharmonie de Hamburgo, además de participar en festivales como Verbier, La Roque d'Anthéron, Ruhr Piano Festival y Gilmore Keyboard Festival. Como solista se ha presentado con agrupaciones como la Orquesta de Filadelfia, la Orquesta Sinfónica de Toronto, la NHK Symphony Orchestra, la Orquesta Sinfónica de Singapur, la Orquesta de París, la Orchestre National du Capitole de Toulouse, la Scottish Chamber Orchestra y la Royal Northern Sinfonia, bajo la dirección de Esa-Pekka Salonen, Tugán Sójiev, Oksana Lyniv, Andrey Boreyko, Mijaíl Pletnev, Andris Poga y Rafael Payare, entre otros. Su actividad camerística incluye colaboraciones con el violinista Aylen Pritchin, la pianista Anna Geniushene y la soprano Asmik Grigorian. Con ellos se ha presentado en escenarios como la Philharmonie de Berlín, La Scala de Milán, el Konzerthaus de Viena, los festivales de Salzburgo y Aix-en-Provence, así como en las óperas de Zúrich, Ginebra y Fráncfort. Su discografía incluye obras de Rajmáninov, Prokófiev y repertorio para dos pianos. Sus grabaciones han recibido reconocimientos de publicaciones especializadas como Gramophone, BBC Music, Diapason y Classica.

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