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Próximo Programa

PRIMERA TEMPORADA 2024. OFUNAM
Programa 6. Festival internacional de piano
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Franz von Suppé (1819-1895)

     Obertura de Poeta y campesino

Candelario Huízar (1883-1970)

     Pueblerinas

Johannes Brahms (1833-1897)

    Concierto para piano núm. 1 en re menor, Op. 15

     

Rodrigo Macías, director huésped

Jorge Federico Osorio, piano

24 de febrero, 2024        20:00 horas

25 de febrero, 2024.      12:00 horas

Sala Nezahualcóyotl. CCU

$240.00          $160.00          $100.00

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PRIMERA TEMPORADA, Programa 6. Foco Parajes.

Programa 6. Foco Parajes / Festival internacional de piano

von Suppé, Huízar, Brahms

Te invitamos a asistir a la Sala Nezahualcóyotl, al sexto programa de la primera temporada 2024 de la OFUNAM, enmarcado dentro del Festival Internacional de Piano. El programa está diseñado para ofrecerte una exquisita combinación de obras interpretadas por la OFUNAM bajo la hábil dirección del Maestro Rodrigo Macías.

Empezamos con la vibrante "Obertura de Poeta y Campesino" de Franz von Suppé, una pieza llena de vitalidad y encanto que cautivará sus sentidos desde el primer acorde. Seguidamente, nos sumergiremos en el cautivador poema sinfónico "Pueblerinas" del talentoso compositor mexicano Candelario Huízar, una obra que celebra la riqueza musical de nuestras raíces. Como punto culminante, el distinguido pianista Jorge Federico Osorio se unirá a la orquesta para interpretar el apasionante "Concierto para Piano Núm. 1" de Johannes Brahms. Con su destreza técnica y sensibilidad artística, Osorio nos llevará en un viaje sonoro lleno de emoción y profundidad.

¡Esperamos contar con tu grata presencia para compartir juntos este maravilloso viaje por distintos parajes de nuestro mundo!

FRANZ VON SUPPÉ (1819-1895). Obertura de Poeta y campesino. Duración aproximada: 10 minutos.

NI POETA NI CAMPESINO. YA NO SABEMOS.

Durante el auge del operístico género de la opereta francesa -que tuvo sus imitadores en el mundo germano, especialmente en Austria-, surgió, precisamente, un compositor austriaco que alcanzó sus máximos logros en óperas ligeras y en operetas, Fran von Suppé. Para quienes aún duden de qué género hablamos, digamos que se trata de obra lírica escénica que alterna partes cantadas y pasajes hablados. Hubo notables ejemplos en el mundo musical germano como el llamado singspiel, cuyo propio nombre alemán lo define, canto y declamación, primer antecesor de las actuales comedias musicales a la Broadway, esas que hoy son terriblemente denominadas sólo “musicales”. Los ejemplos más notables del género podrían ser La flauta mágica de W. A. Mozart, Fidelio de L. van Beethoven y El cazador furtivo de Carl Maria von Weber, aunque esta últimas son consideradas más como óperas “serias” que como singspiel, aunque en esencia eso son.

Hacia mediados del siglo XIX se dio en Francia una gran popularidad de esta forma musical semi-operística, con sus propias características musicales y argumentales, por supuesto, ligeras e invariablemente, de temas humorísticos. Jacques Offenbach fue el compositor modélico del género en su versión francesa y su mejor seguidor (para no decir imitador) en el contexto germano fue Franz von Suppé. Las oberturas de las operetas de este compositor pertenecen a ese tipo de música que por su relativa ligereza y atractivo musical casi todos conocemos al iniciarnos en la carrera de melómanos. Nos referimos sólo a una media docena de ellas, de las más de treinta que compuso, pero esas son las que aparecen con cierta frecuencia en conciertos o en grabaciones, pues es usual encontrar discos que contienen 6 u 8 de esas deliciosas oberturas.

Nacido en Dalmacia, en la actual Croacia, y durante largo tiempo, parte del Imperio Austro-húngaro, el caballero Suppé, de antepasados belgas, aunque de padre con antecedentes italianos y madre vienesa, debe haber requerido hasta dos libros completos para el registro civil pues su nombre era Francesco Ezechiele Ermenegildo Cavaliere di Suppé Demelli. Como es usual en músicos cuya familia no tenía arraigos musicales, un maestro de coro y algún director de banda locales lo encauzaron a la música y su estancia en Cremona terminó por inducirlo a este mundo en el que sería “un rey”, uno entre otros reyes, pero finalmente, “un rey” de la opereta germana.

Comenzó como director en algunos teatros menores de Viena, sus primeras composiciones fueron obras sacras en la tradición católica, pero pronto pudo dirigir algunas de sus propias óperas y pronto adoptó el género más ligero, pero no menos genial, de la opereta, entonces de moda. Suppé compuso cerca de cien obras, considerando todos los géneros, hay hasta una bella misa de réquiem que no asociaríamos con él y su música. También se cuenta con varias misas, sinfonías, oberturas de concierto y otras obras, actualmente apenas conocidas gracias a los discos. Pero sin duda fueron su treintena de operetas las que le dieron la inmortalidad, aunque actualmente estemos castigados de no poder escucharlas completas en nuestros teatros de ópera y de conciertos, de las que no diría que raramente, sino que ¡nunca! se representan en la mayoría de los países, excepto en Austria y Alemania, y eso con escasa frecuencia. En cambio, algunas de las oberturas son de gran popularidad, con Caballería ligera, Poeta y campesino, La bella Galatea, Bocaccio y Mañana, mediodía y noche en Viena, en primer lugar.

Como sea, Poeta y campesino es tal vez la más popular de todas sus oberturas, sus arreglos han llegado a múltiples ensambles internacionales, incluyendo los mariachis, quienes si se trata de un restaurante o una fiesta donde los comensales les piden que la toquen, lo hacen ¡cobrando más caro la pieza!, seguramente por “sus dificultades musicales”. Y en efecto, se trata de una pieza perfecta, con la picardía necesaria en el género, pero con una carga sentimental que la apartan, junto con otras del compositor, de sus hermanas francesas o incluso, de las que hicieron ambos Strauss, padre e hijo, más cercanos al luminoso vals que ellos enriquecieron y perfeccionaron y del que, por cierto, no falta un ejemplo en la parte central de Poeta y Campesino.

Aunque no sigue precisamente el argumento de la opereta misma, la Obertura de Poeta y campesino ya presenta dos elementos que identifican a los personajes del título: un bello tema lírico y más reposado, representado por ese maravilloso solo de violonchelo que inicia la obra, corresponde al “poeta”; las danzas rústicas, el bello vals y hasta una especie de can-can, que se alternan en la parte central y en el final de la obertura, corresponden, en cambio, al “campesino”. Quién podría negar la enseñanza de Donizetti en los temas del primero y la de Rossini en la del segundo. Poeta y campesino es una obra mayor del género, incluso dividida en tres actos, aunque algún detractor la calificara como una “comedia con canciones”.

Para terminar, mencionaremos que Poeta y campesino se estrenó el 24 de agosto de 1846 en Viena.

La OFUNAM la interpretó por primera vez el 5 de septiembre de 1986 en la Sala Nezahualcóyotl, bajo la dirección de Jorge Velazco. La ocasión más reciente en que se presentó fue el 19 y 20 de enero de 2019 en la Sala Nezahualcóyotl, bajo la dirección de Massimo Quarta.

CANDELARIO HUÍZAR (1883-1970). Pueblerinas. Duración aproximada: 15 minutos.

Candelario Huízar, compositor mexicano nacido en 1883, es una figura destacada en la música clásica del siglo XX en México. Su obra refleja una amalgama de influencias que abarcan desde el nacionalismo hasta corrientes vanguardistas.

Huízar, vinculado al movimiento nacionalista mexicano, incorpora elementos folklóricos en su música, explorando temas y ritmos autóctonos que conectan con la identidad cultural de México. Su obra "Imágenes" refleja esta tendencia, utilizando la riqueza melódica y rítmica de la música popular.

A su vez, Huízar experimenta con técnicas modernas, adentrándose en el impresionismo y atonalismo. Su pieza "Sonatina" evidencia esta exploración vanguardista, mostrando una paleta armónica innovadora y un enfoque progresista.

La versatilidad de Huízar se manifiesta en obras vocales, como "Tres canciones mexicanas," donde fusiona poesía lírica con melodías sugerentes.

Huízar compuso un total de 373 partituras, de las que 116 han sido estrenadas y algunas tocadas una sola vez. Hizo alrededor de 253 arreglos corales de música vernácula, además de piezas de todos los géneros como cuartetos y tríos. En el año de 1951 ganó el Premio Nacional de Ciencias y Artes de Bellas Artes. Lamentablemente tiempo después un ataque de apoplejía lo paraliza casi totalmente y fallece en la Ciudad de México en el año de 1970. Como maestro dejó varios alumnos, entre os que se encuentran el "grupo de los cuatro"; Pablo Moncayo, Salvador Contreras, Blas Galindo y Daniel Anaya.

A Huízar le interesó la forma de la sinfonía durante toda su carrera de compositor, lo cual queda más que demostrado no sólo por haber escrito cuatro obras extensas de este género entre 1930 y 1942, sino por los esfuerzos para concluir una más cuando ya se hallaba muy limitado físicamente por la hemiplejia que lo aquejó desde 1944. Y con todo y sus problemas, se dice que él es el mejor sinfonista que ha producido el país. Hay que tomar en cuenta que la forma musical de la sinfonía es el reto mayor que puede tener cualquier compositor, comparable con la composición de una ópera.

En Huízar hay dos cualidades que destacan: La primera, su claridad para la construcción de las formas en sus obras, en especial las sinfónicas; y la segunda, su disposición para aprender y asimilar cuanto pudiera serle de valor y utilidad en la creación de su muy bien definido mundo sonoro.

"Pueblerinas" es una obra que refleja las características musicales propias del nacionalismo mexicano y del periodo posrevolucionario. Incorpora elementos folklóricos y populares de México, capturando la esencia del país en su música.

Vale la pena mencionar que en un análisis sobre Pueblerinas el musicólogo José Antonio Alcaraz menciona al compositor finlandés Jean Sibelius (1865-1957) como uno de los puntos de referencia de Candelario Huízar, opinión que también es compartida por otro prestigioso musicólogo, Otto Mayer-Serra. Y en un ensayo dedicado a Imágenes, otro de los poemas sinfónicos de Huízar, Alcaraz menciona también al compositor danés Carl Nielsen (1865-1931) como un espíritu musical cercano al de Huízar. Con estos antecedentes, no deja de ser interesante tratar de imaginar cómo Candelario Huízar, este músico mexicano de banda, herrero, orfebre, soldado y paisano de López Velarde, pudiera haberse acercado al vasto, agreste e intemporal paisaje nórdico encarnado de diversas maneras en las partituras de Nielsen y Sibelius.

El 6 de noviembre de 1931, la Orquesta Sinfónica de México (bajo la dirección de Silvestre Revueltas) estrenó el Poema Sinfónico de Candelario Huízar: Pueblerinas en el Teatro Arbeu. Inspirado en los recuerdos de su tierra natal, refleja el espíritu sencillo y apacible de la vida pueblerina de Jerez, Zacatecas.

La OFUNAM la interpretó por primera vez el 13 de noviembre de 1981 en la Sala Nezahualcóyotl, bajo la dirección de Jorge Delezé. La ocasión más reciente en que se presentó fue el 8 y 9 de octubre de 1994 en la Sala Nezahualcóyotl, bajo la dirección de Héctor Guzmán.

JOHANNES BRAHMS (1833-1897). Concierto para piano núm. 1 en re menor, Op. 15. Duración aproximada: 45 minutos.

EL ANHELO DE LA SINFONÍA

Brahms había estado madurando una primera sinfonía por, al menos 20 años, desde sus primeros bosquejos de la misma en 1854, aproximadamente; durante ese extenso periodo, en los que no dejó de componer múltiples obras de los más variados géneros, sobre todo de música de cámara, piano sólo y Lieder para voz y piano y para coro a capella, BRAHMS también hizo creaciones que eran para él como “estudios” o “prácticas“ para orquesta sinfónica, que no llegaban a ser sinfonías, pero que, para suerte nuestra, dieron lugar a otras composiciones que se convirtieron en obras para coro y orquesta, que incluyen Un Requiem alemán, tal vez el más noble y majestuoso ejemplo del género por cualquier compositor; el Primer Concierto para piano, casi una sinfonía con piano; las dos Serenatas, que, aunque la Segunda es realmente para una orquesta de cámara de dotación variada, la Primera Serenata es para una orquesta sinfónica formal, y ya adopta esquemas de sinfonía, aunque en cinco movimientos, que para un formalista riguroso como Brahms, la hacían impensable como verdadera sinfonía; o la genial Variaciones sobre un tema de Haydn de 1873.

Sólo entonces, en 1876, se atrevió el compositor a terminar la Primera Sinfonía en la que rinde un bello homenaje a su admirado Beethoven, no sólo en su carácter musical y espiritual, sino al incluir una melodía evocadora del inicio del famoso Himno a la Alegría de la Novena Sinfonía, como parte del tema principal del Cuarto Movimiento.

Resulta curioso como Brahms, “una vez echado a andar” comenzó casi de inmediato a componer la Segunda Sinfonía, que terminó un año después y que escucharemos en este programa. La Tercera sinfonía, en cambio, le tomó unos cuatro años, pues se dedicó a ella sólo cuando hubo escrito otros dos monumentales conciertos, el Segundo para piano y ese maravilloso logro que es el Concierto para violín y orquesta de 1878 y que escucharemos en un próximo concierto de esta temporada. La Cuarta Sinfonía fue una obra algo más tardía, de 1884-85 y, desde entonces, Johannes Brahms entró a su etapa tardía con sus gloriosas obras sólo para ensambles de cámara y para piano solo, siempre de formato pequeño, pero también, siempre perfectas y profundas.

DOS SINFONÍAS MONUMENTALES… UNA DE ELLAS CON PIANO.

Si hay un concierto que verdaderamente podamos describir como grandioso y monumental en todos los sentidos: concepto y contenido musical, estructura y extensión, así como dificultades que van más allá del virtuosismo técnico, ese es, sin duda, el Concierto núm. 1 para piano y orquesta en re menor opus 15 de JOHANNES BRAHMS. Algunos opondrían como opción en ese sentido, al agotador Concierto para piano de Ferruccio Busoni, pero posiblemente sería sólo por su exagerada duración -casi seguro el más extenso de todos los conciertos para piano, más de una hora y en 5 movimientos, además del coro masculino oculto al final de la obra.

Este Primer Concierto de Brahms fue una de las obras orquestales con las que el compositor experimentó en su intento de elaborar una sinfonía; y como tal, los temas que iba concibiendo y desarrollando en el papel o en su mente, apuntaban hacia una obra de ese género que parecía negársele; de ahí su profundidad y majestuosidad y su apasionada, pero contenida musicalidad.

Brahms tenía entonces 25 años, en 1858 y la obra no se concretaba, por ello, cuando tomó la decisión de convertir casi todo aquel material bosquejado en un concierto para piano, la obra tenía más el carácter de una sinfonía con enormes desarrollos, pero con una construcción clásica muy expandida. Sin embargo, como no se apegaba a los lineamientos de un concierto típico de esa etapa del Romanticismo, el público no supo escucharlo y el Primer Concierto para piano fue uno de sus grandes fracasos al estrenarse, primero en Hannover y después en Leipzig, con el propio Brahms de solista y la orquesta bajo la batuta de su amigo, el gran violinista Joseph Joachim. Pasaría tiempo antes de que el público se familiarizara con la obra y comenzara a admirarla incondicionalmente.

El Maestoso inicial con su grandiosa y noble introducción orquestal no tiene precedentes, ni siquiera en algunos de los conciertos de Beethoven que también comienzan con una elaborada introducción. Cuando casi se nos ha olvidado que también hay un piano solista, éste comienza su intervención con un carácter meditativo pero firme, siempre con la robusta sonoridad que caracteriza la música para piano solo de Brahms. A partir de ahí escuchamos un complejo y hermoso diálogo entre ambos protagonistas de la obra.

El Segundo movimiento, Adagio, es congruente en su grandeza al resto de la obra: es también muy profundo, pero con un recogimiento de carácter casi religioso, lo que no debe extrañarnos pues el compositor agregó a su partitura la frase litúrgica “Bendito aquél que viene en nombre del Señor”.

La ora se presentó por primera vez el 22 de enero de 1859, en el Teatro Real de Hanóver, bajo la dirección de Joseph Joachim y con el propio compositor al piano. Pocos días después lo presentó en el Gewandhaus de Leipzig, donde fue rechazada por la audiencia. Cinco años después de su fracaso, la obra la presento Clara Schumann con un rotundo éxito.

La OFUNAM lo presentó por primera vez el 23 de agosto de 1953 en el Palacio de Bellas Artes, bajo la dirección de José Francisco Vásquez y la participación de Shura Cherkassky en la parte solista. La ocasión más reciente tuvo lugar en febrero de 2019, en la Sala Nezahualcóyotl, con Massimo Quarta al frente de la orquesta y Alexei Volodin en la parte solista.

Notas de Luis Pérez Santoja  ┼

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Rodrigo Macías, director huésped

Originario de Texcoco, Estado de México, Rodrigo Macías comenzó sus estudios musicales en el Instituto Cardenal Miranda en la Ciudad de México y los continuó en el Conservatorio Giuseppe Verdi de Milán en Italia. Ha dirigido las orquestas más importantes de México. Entre 2010 y 2018 fue director titular de la Orquesta Sinfónica Mexiquense. Desde que en 2018 asumió la dirección general de la Orquesta Sinfónica del Estado de México, ha buscado atraer nuevos públicos a la música sinfónica.

Fue director asistente de la OFUNAM de 2008 a 2011. Su primera presentación al frente de la orquesta fue el 8 de noviembre de 2008 con un programa que incluía obras de Mozart, Rossini, Paganini, Bottesini y Mendelssohn, acompañando a Manuel Hernández, clarinete, y Víctor Flores, contrabajo.

Jorge Federico Osorio, piano

El pianista mexicano Jorge Federico Osorio comenzó el estudio del piano a los 5 años con su madre, Luz María Puente, para continuarlos en los conservatorios de México, París y Moscú. Ha dado giras por países de América, Europa y Asia. Ha recibido muchos premios, entre ellos la prestigiada Medalla Bellas Artes, el más alto honor conferido por el Instituto Nacional de Bellas Artes en México. Entre los múltiples álbumes que ha grabado se incluyen los conciertos de Beethoven, Mozart, Ponce, Chávez y Schumann. Jorge Federico Osorio es Artista Steinway.

Se ha presentado en varias ocasiones con la OFUNAM, siendo la primera el 16 de junio de 1968 en el Alcázar del Castillo de Chapultepec con el Concierto para piano núm. 1 de Sergei Prokofiev, bajo la dirección de Gerhard Samuel. Esta será la cuarta ocasión que interprete el Concierto para piano núm. 1 de Brahms con la OFUNAM. La primera fue en 1983 con Enrique Diemecke, la segunda en 2002 con Zuohuang Chen y en 2015 con Bojan Sudjic.

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