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TERCERA TEMPORADA 2022. OFUNAM
Programa 13.  FUERA DE ABONO    

-Concierto navideño

Obertura y marcha, de La infancia de Cristo

     Hector Berlioz (1803-1869)

Suite núm. 1 de El Cascanueces, Op. 71a

     Piotr Ílyich Chaikovski (1840-1893)

Selección de villancicos     

     Varios autores

Rodrigo Sierra Moncayo, director huésped

Programa Coral Universitario, dirigido por

Ana Patricia Carbajal

10 de diciembre, 2022.      20:00 horas

11 de diciembre, 2022.      12:00 horas

Sala Nezahualcóyotl. CCU

$400.00       $300.00       $200.00

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TERCERA TEMPORADA, Programa 13. Berlioz, Tchaikovsky, Villancicos.

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Programa 13. Concierto navideño. 

Berlioz, Tchaikovsky, Villancicos.

Se acerca la Navidad y llegamos también al concierto final de la Tercera Temporada 2019 de la OFUNAM, el Concierto Navideño.

La Navidad ha pasado a ser muchas cosas en nuestro tiempo. Desde el punto de vista religioso, tal vez el único que debería tener validez y razón de ser por estar en sus origen y ser su principal motivación, la Navidad es un tiempo de regocijo y meditación; pero, para muchos es sólo una oportunidad para descansar o disfrutar “la fiesta”; para otros es tiempo de nostalgia porque es cuando regresa en el tiempo la evocación de experiencias antiguas y celebraciones pasadas, el recuerdo de los seres queridos que se han ido, la revaloración de quienes aún están con nosotros.

La OFUNAM presenta un programa para celebrarla con música de Berlioz, Tchaikovsky y los tradicionales villancicos. Rodrigo Sierra Moncayo es el director huésped, pero también contaremos con la participación del Programa Coral Universitario dirigido por la Maestra Ana Patricia Carbajal.

HECTOR BERLIOZ (1803-1869). Obertura y marcha, de La infancia de Cristo. Duración  16 minutos

Hector Berlioz, destacado compositor francés y figura importante dentro del romanticismo, al lado de Beethoven, revolucionó la forma de componer y presentar en el escenario a una orquesta. Hay quienes lo consideran el único músico propiamente romántico de Francia y el creador de la instrumentación moderna.

El poeta Théophile Gautier escribiría: “Me parece que Héctor Berlioz, con Victor Hugo y Eugène Delacroix, forman la Santísima Trinidad del arte romántico”.

Una parte poco conocida de su vida es que, al no poder ganarse la vida como músico, escribió artículos sobre crítica musical, quedando recopilados en tres libros, "Las veladas de la orquesta", "A través de cantos" y "Los grotescos en la música". Escribió, también, "Gran tratado de instrumentación y orquestación moderna, que fue de una gran influencia en generaciones posteriores.

Entre sus obras destacan la Sinfonía fantástica, Benvenuto Cellini, Sinfonía fúnebre y triunfal, Romeo y Julieta, La condenación de Fausto, La infancia de Cristo, Los troyanos y Beatriz y Benedicto.

Berlioz fue un hombre muy controvertido en su vida, desafió a su padre al no aceptar ser médico y convertirse en compositor; desafió la manera de hacer música al no aceptar escribir obras fáciles de ejecutar para los músicos de agrupaciones orquestales de la época y, sobre todo, para el público acostumbrado a la línea francesa que se manejaba desde sus antepasados, y siempre los sorprendía con obras extensas que no eran del todo aceptadas. Justo entonces, sorprendió al público parisino con L'enfance du Christ (La infancia de Cristo), "un tipo de música ingenua y gentil",  de acuerdo a una carta publicada como postdata de sus Memorias, completada en 1865.

La infancia de Cristo, es un oratorio para solistas, coro, orquesta y órgano, cuyo nombre original es Trilogie Sacrée (trilogía sagrada). La escribió en diciembre de 1850, su primera versión, terminando la que conocemos en 1854. Se cuenta que el día del estreno la obra tuvo un gran impacto entre los asistentes, incluso mayor al de una de sus obras más conocidas que es La condenación del Fausto, sin embargo, con el paso del tiempo se fue perdiendo en el olvido y, a pesar de su belleza, es poco interpretada.

Los textos los escribió Berlioz, tomando como base la huida a Egipto de José y María con el Niño Jesús, debido al miedo de Herodes de perder el poder. Una de las partes más delicadas, la que se refiere a la matanza de los inocentes, el compositor la maneja con una delicadeza tal, que apenas es perceptible.

La Niñez de Cristo se representó por primera vez en París el 10 de diciembre de 1854. La Sala Herz, donde tuvo lugar el estreno, se llenó hasta los topes de gente sentada y de pie en cualquier lugar que pudiera.

De esta maravillosa obra, la OFUNAM interpretará la obertura y la marcha nocturna, un par de piezas musicales que, una vez más, nos dará la oportunidad de corroborar la grandeza del compositor francés, además de extendernos la invitación a conocer, y disfrutar, su legado musical.

La OFUNAM interpretó por primera vez La infancia de Cristo el 9 y 10 de diciembre de 2006 en la Sala Nezahualcóyotl, bajo la dirección de Sylvain Gasancon, con Ann Murray, Sturt Patteron, Antonio Duque, Stephen Roberts, Chrles Oppenheim, Fernard Bernardi, como solistas.

"No debo olvidarme de mencionar el Festival de Estrasburgo, al que fui invitado hace dieciocho meses para dirigir una representación de La Infancia de Cristo. Se había construido una enorme sala con capacidad para seis mil personas y había quinientos intérpretes. No parecía posible que este oratorio, escrito casi en su totalidad en una vena tranquila y delicada, pudiera albergar en tan vasto auditorio. Para mi gran sorpresa, la gente se conmovió profundamente y se derramaron lágrimas ante el coro místico "Ô âmelun. ", que se canta sin acompañamiento al final de la obra. ¡Qué feliz me siento cuando veo a mi público llorar!"

Hector Berlioz, refiriéndose al efecto que tuvo el final en el público del Festival de Estrasburgo de 1863

"Una obra celestial, por encima de todo lo demás que has hecho"

Humbert Ferrand, escritor, acerca de La infancia de Cristo.

PIOTR I. TCHAIKOVSKY (1840-1893). Suite núm. 1 de El Cascanueces, Op. 71a. Duración 25 minutos.

UN BALLET DE INVIERNO AL OCASO

Si preguntáramos a la comunidad de melómanos cuál es el ballet más popular y que se interpreta con más frecuencia, sin duda, muchos escogerían El cascanueces de Piotr Ilich Tchaikovsky. Y no es para menos, pues la obra reúne una variada y abundante colección de piezas musicales, agrupadas por supuesto, de acuerdo al libreto que siguió el autor, con gran inspiración y buen gusto musical, melodías que se quedan en la mente después de escucharlas y el mayor colorido y riqueza sonora que el compositor ruso aportó a sus tres únicos ballets (como sabemos, los otros dos, anteriores a El cascanueces, son El lago de los cisnes y La bella durmiente). Comenzando por las piezas típicas de diversas regiones que conforman el Divertimento del Reino de los dulces, el prodigioso Vals de las Flores y tal vez, el inolvidable y más bello pas de deux, sólo competido por el otro gran pas de deux del propio Tchaikovsky, el del ballet El lago de los cisnes.

El “gran ballet” fue el género musical escénico por excelencia del siglo XIX. Y la tradición del mismo exigía, sobre todo a los compositores más serios, que se contara con una idea o argumento que fuera desarrollado mediante un libreto que, casi como en una ópera, el compositor musicalizara las escenas detalladas en dicho guión y, sobre todo para un compositor como Tchaikovsky, crear una música que describiera la acción de la historia o se apegara al tipo de danza deseada.

También en la mayoría de las obras se procuraba contar con un argumento y libreto del mayor arraigo literario. Nuestro compositor no se quedaría atrás y si para algunas de sus óperas Pushkin podía ser el “libretista” soñado, en esta ocasión resultó ideal una historia de gran fabulador (y por cierto, también compositor) E. T. A. Hoffmann (Ernest Theodor Amadeus), El cascanueces y el rey de los ratones, que por si fuera poco había sido traducida y adaptada en francés por otro grande de la literatura, Alexandre Dumas. Con base en ella, le fue encargada a Tchaikovsky la composición del cuento con música y al ya famoso Marius Petipa, la creación de la coreografía.

Nadie diría que la composición de una obra tan fresca y risueña causaría también serios conflictos al compositor y afectaría a su espíritu depresivo. Por un lado trabajar con el conflictivo Petipa y por otro, componer ¡con desgano! porque sentía que la historia era inferior a la música que podría crear. El primer problema lo superó fácilmente pues Petipa enfermó y fue sustituido por Lev Ivanov; el segundo nos prueba su profesionalismo y su gran talento, pues superando sus reservas por el argumento en turno, creó Tchaikovsky la música más fascinante, escena por escena, ideal para la fantástica historia, contribuyendo con su propia imaginación a la riqueza de la obra.

A todas estas, ¿por qué incluir El cascanueces en un concierto dedicado a la música de Navidad? La respuesta está en el inicio de la obra y su idea escénica. La obra ocurre durante la celebración de la Nochebuena en la casa de Clara, la niña protagonista, quien recibe de regalo un cascanueces (es decir, un simpático muñeco, en este caso, con la figura de un soldadito o un príncipe, que, según las costumbres se utilizaba para romper la dura cubierta de las nueces).

Como era de esperarse en un cuento de hadas, aun con la originalidad que podía darle un argumento del gran fabulador E. T. A. Hoffmann, se trataba, por supuesto, de un príncipe convertido en cascanueces por un encantamiento. Y después de una gran batalla contra el Rey de los ratones y su ejército, el príncipe victorioso, gracias a la ayuda de Clara, la invita a hacer un maravilloso viaje. Y en el país de la Nieve y en el país de Azúcar, la gran recepción de que son objeto será el pretexto para la consecución de danzas típicas de variadas regiones del mundo (según la visión rusa de Tchaikovsky, claro) que tienen su culminación en el fascinante Vals de las flores.

Este contenido escénico permitió demostrar que el característico esquema de danzas para el lucimiento de solistas y primeros bailarines, le venía igualmente bien al prolífico compositor ruso.

Se cuenta que Tchaikovsky preparó la Suite para conciertos de El cascanueces casi de inmediato al terminar el ballet completo, pues su pesimismo habitual le hacía prever que la obra sería un fracaso. Afortunadamente fue todo lo contrario.

La suite está conformada por la Obertura del ballet (en ocasiones, también la Marcha de los niños imitando a soldados), y el Divertimento en el que se bailan las llamadas “danzas características”, casi todas basadas en bailes típicos de diversas regiones o países, con coreografías relacionadas con bebidas nacionales de los mismos y siempre con una música que no oculta su folclor, pero siempre tras de la sofisticada imaginación musical del autor: el chocolate y la Danza española con su ritmo de bolero; el café de la delicada Danza árabe, el té de la China, la pieza más ingeniosa y colorida; la fogosa Trepak de Rusia; una pastoril danza para tres bailarinas, al ritmo de la Danza de las flautas; Mamá Gigogne pide su propia danza para evocar a la anciana mujer que vivía en un zapato, aunque por tradición, casi no se incluye esta alegre danza en los conciertos; y, aunque tampoco pertenece al Divertimento, prosigue y termina la Suite el famoso Vals de las flores.

Lástima que Tchaikovsky no incluyó como final de la Suite el impresionante tema del Pas de deux del Príncipe y el Hada de Azúcar, la inspiración Tchaikovskyana en su más alta expresión.

Antes de su estreno seleccionó ocho de los números del ballet formando la Suite El cascanueces op. 71a, concebida para tocar en concierto, y el 19 de marzo de 1892 fue interpretada bajo la dirección del propio compositor, con ocasión de una reunión de la sección de la Sociedad Musical en San Petersburgo.

El ballet, completo, se estrenó en el legendario Teatro Mariinski, en diciembre de 1892, un año antes de la muerte del compositor, y que en la misma larguísima función se estrenó la ópera Iolanthe (Yolanda, traducen algunos), que también había sido encargada a Tchaikovsky; la orquesta estuvo bajo la batuta de Riccardo Drigo, otro importante compositor de ballets como Los millones de Arlequín (que incluye su famosísima Serenata).

La OFUNAM interpretó por primera vez la Suite del Cascanueces el 25 de junio de 1972 en la Antigua Escuela de Medicina, bajo la dirección de Eduardo Mata.

“La ópera y el ballet tuvieron un gran éxito. La ópera gusto especialmente. Ambas producciones fueron magnificas, sobre todo el ballet, los ojos se cansaban de tanta opulencia”.

Piotr Illitch Tchaikovsky, a su hermano Anatoli sobre el estreno de Iolanta y El Cascanueces.

“Toda la prensa de San Petersburgo se dedica a maldecir de mis últimos hijos en diversidad de estilos. Pero este asunto me deja absolutamente indiferente porque no es la primera vez que ocurre y sé que al final tendré lo que merezco”.

Piotr Illitch Tchaikovsky, a su hermano Anatoli sobre el estreno de Iolanta y El Cascanueces.

VARIOS AUTORES. Selección de villancicos. Duración aproximada 50 minutos.

Y que mejor final que una selección de villancicos navideños, de diversos autores, interpretados por la OFUNAM y los coros del Programa Coral Universitario, a cargo de Ana Patricia Carbajal.

Llegadas de un tiempo inmemorial son las múltiples canciones que se compusieron para ser cantadas en tiempos navideños, en las iglesias o por la familia al calor de la chimenea (antes de que Santa Claus bajara por ella, pleno de hollín).

Para voces solistas o para coro con todo tipo de acompañamiento instrumental -o ninguno-, además de piezas concebidas originalmente instrumentales, sin alguna letra, el tiempo ha vuelto ampliamente conocidas muchas canciones o las ha convertido en una tradición incuestionable.

Sin embargo, mencionemos en principio que los villancicos no surgieron como cantos navideños o que algunos de ellos como El niño del tambor, no son precisamente cantos españoles, sino que pudo ser compuesta por una pianista de Missouri, Katherine Kennicott Davis como Carol of the Drum. La canción se inmortalizó por todo el mundo navideño y en nuestro idioma alcanzó características tan propias que muchos la creímos española.

Y precisamente, ya que estamos en ellos, veamos qué es un villancico, porque tampoco fueron lo que son.

El villancico surge como una canción que fue literaria antes de ser musical y se popularizó en España, entre el siglo XV y el siglo XVIII, aproximadamente y, muy importante, en idioma castellano (también hubo ejemplos portugueses, aunque confieso no recordar alguno). Con el tiempo surgió la costumbre de cantarlos.

Inicialmente fueron absolutamente profanos, con formas de declamación y después, de canto, muy populares, pero sin relación con la Navidad. Eran cantos sobre temas cotidianos, y sobre hechos sucedidos en la región donde se cantaban. Como por necesidad de la época, se interpretaban mucho en las iglesias, pronto fueron aludiendo a algún tema religioso, pero sobre todo a la Navidad. Incluso, los grandes compositores del barroco español como Francisco Guerrero, Juan Gutiérrez de Padilla y Juan del Encina comenzaron a componer villancicos, aún sin un tema navideño. Con el tiempo, la forma de canción perdería su carácter profano, aunque no lo popular, y sus letras se generalizaron en lo religioso.

Está de más mencionar que el género poético llegó a Nueva España y recordemos que nuestra más grande figura literaria, Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana, SOR JUANA INÉS DE LA CRUZ, escribió una buena cantidad de villancicos, es decir, sólo las letras y éstas, sin contenido navideño, pero sí religioso y que, con el tiempo, fueron musicalizados por músicos anónimos en su mayor parte.

Pariente de las cantigas anteriores al siglo XV y de las canciones mozárabes del siglo XI, los villancicos deben su nombre al ser de corte popular y por lo tanto, cantos de villanos, o sea, los habitantes de las villas en el ámbito rural.

En la parte final de este programa se escucharán:

Medley navideño de Arthur Harris, con melodías de lo más conocidas, como lo son Hark the Herald Angels Sing / The First Noel / O' Come Let Us Adore Him. Una espectacular forma de comenzar los festejos navideños.

El también inglés y muy popular himno Joy to the World, atribuido a Lowell Mason, cuando pareciera que el amigo Mason se lo pudo haber copiado de un desaparecido himno de Georg Friedrich Händel, y como el estilo de la obra es muy handeliano, atribuyámoslo mejor al autor de El Mesías, (Messiah!), oratorio que tampoco falta en esta temporada y al que pertenece el archi popular coral ¡Aleluya!

Obras más elaboradas como Christmas Day de Gustav Holst, que, sin alusiones interplanetarias, es una especie de “popurrí” o Fantasía sobre antiguos villancicos ingleses.

Uno de los villancicos internacionales más conocidos: el Gesu Bambino del italiano Piero A. Yon.

No podría faltar uno de los clásicos, el simpático Sleigh ride del gran melodista y orquestador estadunidense Leroy Anderson.

Y qué decir de la bellísima Adeste Fideles (Vengan fieles, o Vayamos fieles), del organista de Winchester John Reading, aunque se le ha atribuido a John Francis Wade.

El villancico de las campanas (Carol of the bells) del ucraniano Mikola Leontóvich, pieza utilizada en infinidad de cintas cinematográficas.

Este ramito de flores y Los reyes magos, villancicos mexicanos.

Y terminamos con un par de piezas, con un contraste notable, primero la clásica Blanca Navidad, de Irving Berlin, uno de los más notables compositores del siglo XX; y la fiesta termina con la alegre We wihs you a merry christmas, villancico popular anónimo del siglo XVI proveniente del West Country de Inglaterra.

Sin embargo, te recomendamos aplaudir al final para que la orquesta nos siga regalando más música navideña, y si lo haces, te llevarás una agradable sorpresa.

Como vemos la segunda parte del Concierto de clausura de la Tercera Temporada 2022 de la OFUNAM será muy variado y representativo de la música de la época. En estos conciertos se contará con la participación de los coros del Programa Coral Universitario, a cargo de Ana Patricia Carbajal y todos estarán bajo la dirección de Rodrigo Sierra Moncayo.

NOTAS: Roberto Smith

Suite del Cascanueces escrita por Luis Pérez Santoja  

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Rodrigo Sierra Moncayo, director huésped

Originario de la Ciudad de México, Rodrigo Sierra Moncayo estudió piano con Ninowska Fernández-Britto en la Escuela Nacional de Música de la UNAM, donde se tituló con mención honorífica. Formó parte del Taller de Dirección Orquestal en el Sistema Nacional de Fomento Musical, donde fungió durante cuatro años como director asistente de la Orquesta Sinfónica Juvenil Carlos Chávez. Fue director artístico adjunto de la Orquesta Sinfónica de la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Ha sido director huésped de la Filarmónica de la UNAM, entre otras orquestas de México. Ha sido director invitado de la Orquesta de Cámara de Bellas Artes, la Filarmónica de la Ciudad de México, la Sinfónica de Xalapa, la Sinfónica del Instituto Politécnico Nacional, la Sinfónica de Aguascalientes, la Sinfónica de la Universidad de Guanajuato, la Sinfónica de Oaxaca, la Orquesta Juvenil Universitaria Eduardo Mata, la Filarmónica del Estado de Querétaro, la Filarmónica de Jalisco, la Sinfónica del Estado de México y la Orquesta de Cámara de Kazajistán, entre otras. En 2012 dirigió y coordinó un homenaje al compositor José Pablo Moncayo —su abuelo— con motivo del centenario de su nacimiento en la edición XL del Festival Internacional Cervantino. Actualmente es director artístico de la Orquesta Sinfónica Juvenil de Zapopan y del Palacio de la Cultura y los Congresos en Jalisco.

Programa Coral Universitario.

Tiene como misión fortalecer la difusión de la cultura mediante la participación de los estudiantes universitarios en grupos corales y contribuir así a su formación integral. A lo largo de más de dos décadas transcurridas desde su creación, el PCU ha ofrecido espacios de enriquecimiento, intercambio y aprendizaje al generar las condiciones necesarias para la práctica del canto colectivo en distintas comunidades universitarias. Gracias al trabajo continuo de los 12 coros formados en las distintas escuelas y facultades de la UNAM que participan en el PCU, este programa acomete una de las misiones sustantivas de la UNAM al tiempo que promueve la formación artística, la integración comunitaria y el surgimiento de nuevos valores.

Ana Patricia Carbajal, Coordinadora del Programa Coral Universitario.

Ana Patricia Carbajal estudió piano y educación musical en la Escuela Nacional de Música de la UNAM y se especializó en dirección coral con Xavier González. Cursó dirección coral en el Instituto Superior de Arte de La Habana. Ha tomado clases con Electo Silva, Carmen Collado, María Felicia Pérez, Gunnar Ericsson Lluis, Josep Vila, Alberto Grau, Néstor Andrenacci, Laslo Hetlay, Christhian Grübe y Marin Constantin. Ganó el Premio Andrés Segovia de Polifonía en Santiago de Compostela. En 2004, recibió el Premio Nacional de Cronistas de Teatro y Música. Ha participado en congresos y encuentros en Estados Unidos, Dinamarca y otros países. En 1989, fundó el Ensamble Coral Voce in Tempore, con el que ha obtenido diversos reconocimientos. En 1995, recibió una beca del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, por su labor con este conjunto, y dos años después formó Voce in Tempore A.C., asociación dedicada a promover, difundir y profesionalizar la música coral en México.

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