
Próximo Programa
TERCERA TEMPORADA 2026
PROGRAMA 2

Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791)
Obertura de La flauta mágica, K. 620.
Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791)
Concierto para piano núm. 21 en do mayor, K. 467.
Enrico Chapela (1974)
Ínguesu.
Enrique Diemecke (1955)
Die Sir E.
Enrique Diemecke, director huésped
Jorge Federico Osorio, piano
24 de octubre, 2026. 20:30 horas
25 de octubre, 2026. 12:00 horas
Sala Nezahualcóyotl
$240.00 $160.00 $100.00
PROGRAMA 2, Tercera Temporada OFUNAM, 2026.




PROGRAMA 2
-- WOLFGANG AMADEUS MOZART (1756-1791) OBERTURA DE LA FLAUTA MÁGICA, K. 620. Duración aproximada: 5 minutos
La flauta mágica: la última puerta que Mozart abrió antes del silencio
“Cuando la música convierte un cuento en una búsqueda de sabiduría, el escenario se vuelve símbolo.”
El 30 de septiembre de 1791, Viena presenció el estreno de La flauta mágica, una ópera que combina humor, filosofía, símbolos y melodías inolvidables. Mozart dirigió la función y su amigo Emanuel Schikaneder, autor del libreto, interpretó a Papageno, el simpático cazador de pájaros. Fue la última ópera estrenada en vida del compositor, quien moriría dos meses después.
Un príncipe, una princesa, una flauta mágica y un villano parecen ingredientes de una historia sencilla. Pero Tamino debe superar pruebas de silencio, paciencia y valentía para llegar hasta Pamina. La Reina de la Noche deslumbra con sus agudos extremos, mientras Sarastro representa la serenidad y la sabiduría. En medio de este universo aparece Papageno, preocupado por encontrar pareja y algo rico para comer.
Mozart terminó la Obertura pocos días antes del estreno. Sus tres acordes iniciales suelen asociarse con los rituales masónicos presentes en la obra; después, una vibrante fuga revela la influencia del contrapunto de Bach y Händel.
En apenas unos minutos aparecen la oscuridad, la luz, el humor y la solemnidad que atraviesan toda la ópera.
La música distingue a cada personaje: la Reina de la Noche desafía la gravedad con sus notas agudas; Sarastro impone autoridad con su voz grave; Tamino canta con nobleza y Papageno parece conversar con naturalidad.
Estas diferencias reflejan los debates de la Viena de 1791 sobre la razón, la educación y la libertad. Los símbolos masónicos añaden otra capa de significado, aunque no es necesario conocerlos para disfrutar la historia.
Mozart disfrutaba de las reacciones del público y, según se cuenta, prestaba especial atención a las escenas de Papageno, cuyas ocurrencias provocaban las carcajadas que esperaba. Mientras trabajaba en el Réquiem, aún celebraba el poder de hacer reír a una sala entera.
Más de dos siglos después, seguimos entrando al teatro por un cuento y saliendo con la sensación de haber emprendido un viaje interior. ¿Qué otras puertas puede abrir la música cuando todo comienza entre sombras?
-- WOLFGANG AMADEUS MOZART. CONCIERTO PARA PIANO NÚM. 21 EN DO MAYOR, K. 467. Duración aproximada: 30 minutos
La melodía de Mozart que aprendió a detener el tiempo
“Algunas melodías pasan por el oído. Otras se quedan a vivir en la memoria.”
El 10 de marzo de 1785, Mozart estrenó en Viena su Concierto para piano núm. 21, apenas unas semanas después de presentar el núm. 20. Acostumbrado a trabajar hasta el último momento, parecía convertir la presión en música que fluía con absoluta naturalidad.
Desde el Allegro maestoso, la orquesta abre el camino y el piano entra para conversar, no para imponerse. Como en el rock progresivo, los instrumentos construyen juntos algo mayor sin disputarse el protagonismo. El Andante cambia la percepción del tiempo. Su melodía avanza con una calma extraordinaria, sostenida por un acompañamiento delicado que convierte el silencio en parte de la música.
En 1967, la película Elvira Madigan acercó este movimiento a millones de personas y dio al concierto su sobrenombre más conocido: el “Concierto de Elvira Madigan”.
Tras esa pausa luminosa, el Allegro vivace assai recupera la energía. Piano y orquesta intercambian ideas con agilidad y elegancia, sin que el virtuosismo opaque la música. Mozart tenía fama de trabajar hasta muy cerca de los estrenos, confiando en su memoria y su capacidad para improvisar. Una costumbre capaz de poner nervioso a cualquier equipo de producción, pero que en él parecía parte del oficio.
Este concierto renovó la relación entre solista y orquesta e influyó en generaciones posteriores, incluido Beethoven. Su lección permanece: el virtuosismo también emociona cuando sabe dejar espacio para respirar. Más de dos siglos después, el Concierto para piano núm. 21 sigue recordándonos que algunas melodías no detienen el reloj: consiguen que dejemos de mirarlo.
-- ENRICO CHAPELA (1974). ÍNGUESU. Duración aproximada: 9 minutos
¡México le ganó a Brasil… y Enrico Chapela expulsó a un músico de la orquesta!
El 4 de agosto de 1999, México venció 4-3 a Brasil en la final de la Copa FIFA Confederaciones, en el Estadio Azteca. Cuatro años después, el compositor mexicano Enrico Chapela convirtió aquella hazaña futbolera en una partitura que se atreve a hacer algo insólito: llevar la pasión de las tribunas a una sala de conciertos.
En Ínguesu, las maderas juegan por México y los metales representan a Brasil. La percusión ocupa la banca; las cuerdas son el público; el piano y el arpa hacen de directores técnicos. ¿Y quién lleva el silbato? ¡El director de orquesta, convertido en árbitro!
Chapela mezcla ostinatos del son mexicano y la samba brasileña con los cantos, las burlas y las mentadas que forman parte del folclore futbolero. No busca esconder esa cultura detrás de una fachada solemne: la mete de lleno en la música sinfónica. Y viene la jugada más teatral: hacia el final, el trombón bajo representa al futbolista expulsado. El director le muestra la tarjeta roja y lo echa del escenario. ¡Aquí también hay tiempo añadido, tarjetas y drama!
Estrenada el 9 de noviembre de 2003 por la Orquesta Sinfónica Carlos Chávez, bajo la dirección de Teresa Rodríguez, la obra recibió reconocimiento internacional, incluida una recomendación en la Tribuna Internacional de Compositores de la UNESCO en 2006.
El título, irreverente y muy mexicano, nace de una expresión coloquial que cualquier aficionado puede reconocer. Chapela convirtió esa manera de vivir el fútbol en una declaración artística: nuestra identidad también está en los estadios, las carcajadas, los gritos y las pasiones compartidas.
Porque el orgullo nacional también puede llevar batuta… ¡y sacar tarjeta roja!
¿Te atreverías a llevar una obra así a un concierto de música sinfónica?
-- ENRIQUE DIEMECKE (1955). DIE-SIR-E. Duración aproximada: 20 minutos
Die-Sir-E: cuando una final del Mundial se convirtió en sinfonía
“El marcador desaparece del estadio. La música encuentra otra forma de conservar la memoria.
El 12 de julio de 1998, Francia venció 3-0 a Brasil y ganó su primera Copa del Mundo. Ese mismo día, el Festival Radio France presentó Match, un concierto que enfrentó a dos orquestas, dos directores y dos solistas en una experiencia musical inspirada en el fútbol. El compositor y director mexicano Enrique Diemecke recibió el encargo de crear una obra que respirara al ritmo del juego.
Así nació Die-Sir-E, una pieza que traduce la tensión de un estadio en metales, timbales y cuerdas. La música comienza con la expectativa previa al partido; después, los metales evocan llamadas en la cancha, la percusión acelera el pulso y las cuerdas alternan entre lirismo y tensión.
Diemecke incorpora ritmos vinculados con la samba y los choros brasileños, que identifican musicalmente a uno de los protagonistas. No busca imitar el ruido de las tribunas, sino convertir su emoción en sonido.
El concierto Match rompía con el formato sinfónico tradicional: dos orquestas compartían el escenario como equipos rivales, mientras dos directores alternaban el protagonismo y las imágenes proyectadas conectaban música y deporte. Una propuesta cercana a la ambición conceptual del rock progresivo, aunque aquí las guitarras cedieran su lugar a la orquesta.
Después del estreno, Diemecke preparó una suite de concierto para que la obra pudiera interpretarse fuera del contexto mundialista. En 1999, la presentó con la Orquesta Sinfónica Nacional de México durante una gira por Estados Unidos.
El título también guarda un doble sentido. Die-Sir-E juega fonéticamente con Dies Irae, la secuencia medieval asociada al juicio final, y alude al drama de la derrota brasileña. También esconde una dedicatoria personal del compositor a dos personas cercanas cuyos nombres comienzan con E.
Así, la obra conserva tanto la memoria de una final histórica como una historia íntima. Porque el fútbol mide el tiempo en noventa minutos, pero la música puede prolongar la euforia, la frustración y la esperanza mucho después del silbatazo final.
Notas del programa: Roberto F. Smith C.

Enrique Diemecke, director huésped
Originario de una familia de músicos, Enrique Diemecke aprendió a tocar el violín con Henryk Szeryng. Estudió en la Universidad Católica de América en la ciudad de Washington y con Charles Bruck en la Escuela Pierre Monteux. Fue director general artístico y de producción del Teatro Colón en Argentina. En 2022 cumplió 16 años al frente de la Filarmónica de Buenos Aires y 32 con la Sinfónica de Flint en Michigan, Estados Unidos. En México ha sido director titular de la Filarmónica de la UNAM y de la Sinfónica Nacional. Recientemente fue designado director artístico de la Sinfónica del Estado de Michoacán. Se ha presentado en China, España, Estados Unidos, Francia, Inglaterra, Países Bajos, Rusia y otros países del mundo. En 2020 se publicó el libro Enrique Arturo Diemecke. Biografía con música de Mahler.
Se presentó por primera vez al frente de la OFUNAM el 10 y 12 de abril de 1981 con un programa integrado por obras de Higinio Velázquez, Ludwig van Beethoven y Antonín Dvórak. La ocasión más reciente, como director huésped de la agrupación universitaria fue el 15 y 16 de noviembre de 2025 con obras de Julián Carrillo y Maurice Ravel.
Jorge Federico Osorio, piano
El pianista mexicano, Jorge Federico Osorio, comenzó su formación en piano a la edad de cinco años bajo la tutela de su madre, Luz María Puente, y prosiguió con su formación en los conservatorios de México, París y Moscú. Se ha presentado en países de América, Europa y Asia. Ha recibido muchos premios, entre ellos la prestigiada Medalla Bellas Artes, el más alto honor conferido por el Instituto Nacional de Bellas Artes en México. Entre los múltiples álbumes que ha grabado se incluyen los conciertos de Beethoven, Mozart, Ponce, Chávez y Schumann. Jorge Federico Osorio es Artista Steinway.
Se ha presentado en varias ocasiones con la OFUNAM, siendo la primera el 16 de junio de 1968 en el Alcázar del Castillo de Chapultepec con el Concierto para piano núm. 1 de Sergei Prokofiev, bajo la dirección de Gerhard Samuel. Esta será la tercera ocasión que interprete el Concierto para piano núm. 21 de Wolfgang Amadeus Mozart y la OFUNAM. La primera fue en marzo de 1998 bajo la dirección de Fabio Machetti, la segunda en 2017 con la dirección de Hansjörg Schellenberger.





