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PRIMERA TEMPORADA 2026. OFUNAM.
PROGRAMA. Jornadas de mujeres en la música
Antonio Vivaldi (1678-1741)
Concierto para violín y violonchelo, RV 547
Antonio Vivaldi (1678-1741)
Concierto para tres violines en fa mayor, RV 551
Eduardo Angulo (1954)
Concierto para arpa y cuerdas, Op. 15
Cécile Chaminade (1857-1944)
Concertino para flauta y orquesta, Op. 107
Carl Stamitz (1745-1801)
Sinfonía concertante para violín y viola
Pablo de Sarasate (1844-1908)
Aires gitanos
Ligia Amadio, directora huésped
Ekaterine Martínez, violín; Beverly Brown, violonchelo;
Mariana Valencia, violín; Ana Caridad Villeda, violín;
Alma Osorio, violín; Nadejda Khovliaguina, violín;
Ewa Turzanska, violín; Patricia Hernández, viola;
Alethia Lozano, flauta; Janet Paulus, arpa
7 de marzo, 2026. 20:00 horas
Sala Nezahualcóyotl. Centro Cultural Universitario.
$240.00 $160.00 $100.00
PRIMERA TEMPORADA 2026 , Programa . Jornadas de mujeres en la música



Programa extraordinario. Jornadas de mujeres en la música
Vivaldi, Angulo, Chaminade, Stamitz, Sarasate
"JORNADAS DE MUJERES EN LA MÚSICA"
En el marco de las Jornadas de Mujeres en la Música, la orquesta presenta un programa extraordinario que pone en primer plano el talento, la versatilidad y el virtuosismo de sus propias atrilistas. Será una velada en la que nuestras maestras asumirán el papel de solistas, mostrando la solidez artística que distingue a la agrupación.
El programa abre con el Concierto para violín y violonchelo RV 547 y el Concierto para tres violines RV 551 de Antonio Vivaldi, obras que exigen precisión, diálogo constante y brillo técnico entre los solistas.
Continúa el Concierto para arpa y cuerdas de Eduardo Angulo, partitura que explora la riqueza tímbrica del arpa con escritura clara y expresiva.
El Concertino para flauta y orquesta de Cécile Chaminade aportará elegancia melódica y agilidad instrumental dentro de la tradición francesa.
La Sinfonía concertante para violín y viola de Carl Stamitz ofrecerá un diálogo equilibrado entre ambos instrumentos, ejemplo del clasicismo centroeuropeo.
El programa culmina con Aires gitanos de Pablo de Sarasate, obra de gran virtuosismo y carácter expresivo que cerrará la noche con energía y brillantez.
La dirección estará a cargo de la Maestra Ligia Amadio, quien se presenta por segunda ocasión al frente de la orquesta, consolidando una colaboración artística de alto nivel.
Esta es una oportunidad para reconocer y celebrar el talento de nuestras queridas maestras, cuya labor cotidiana en el atril sostiene el sonido orquestal y que, en esta ocasión, serán admiradas como solistas.
¡Es el México de siempre, escuchado como nunca!
AMIGOS DE LA OFUNAM – Compartiendo la Pasión por la Música.
ANTONIO VIVALDI (1678-1741). CONCIERTO PARA VIOLÍN Y VIOLONCHELO EN SI BEMOL MAYOR, RV 547. Duración aproximada: 10 minutos.
Antonio Vivaldi: Estructura, Ritmo y Claridad en el Barroco
"He escrito un concierto más rápido de lo que un copista puede transcribirlo." — Antonio Vivaldi
Antonio Vivaldi nació en Venecia en 1678 y falleció en Viena en 1741. Ordenado sacerdote, fue conocido como Il Prete Rosso —el cura rojo— por el color de su cabello. Su formación como violinista determinó el rumbo de su escritura instrumental.
Trabajó durante gran parte de su vida en el Ospedale della Pietà, una institución veneciana para niñas huérfanas. Allí enseñó violín y compuso para una agrupación femenina que alcanzó notable excelencia técnica. Los conciertos públicos de la Pietà atrajeron a visitantes de toda Europa, consolidando la reputación del compositor.
Venecia era entonces un centro comercial y cultural. La ópera gozaba de gran presencia, y Vivaldi participó activamente en ese ámbito: compuso decenas de óperas y dirigió producciones escénicas.
El siglo XVIII consolidó el gusto por la música instrumental, y el concierto se convirtió en un género central. Vivaldi respondió a esa demanda con una producción constante y extensa.
Aportación a la Música
Vivaldi consolidó el concierto solista como forma estable. Su modelo estructural —claro, funcional y contrastante— influyó de manera decisiva en compositores posteriores.
Influencia en Johann Sebastian Bach. Bach transcribió varios conciertos de Vivaldi para teclado y órgano. A través de esas transcripciones, asimiló los principios de organización formal y desarrollo motívico que aplicarían después en sus propias obras.
Ampliación del repertorio instrumental. Al escribir conciertos para instrumentos diversos, fortaleció tanto la práctica orquestal como el desarrollo de la técnica individual.
Legado formal. La idea de contraste sistemático entre tutti y solista se convirtió en referencia para el barroco y para generaciones posteriores. Su tratamiento rítmico y formal estableció parámetros que el clasicismo heredó y transformó.
En 1740, Vivaldi dejó Venecia para viajar a Viena. Esperaba obtener respaldo imperial para sus proyectos operísticos. El emperador Carlos VI, admirador de su música, murió poco después de su llegada. Vivaldi perdió entonces toda protección económica.
Falleció en 1741 en relativa pobreza. Fue enterrado sin ceremonia destacada en una fosa común. Durante décadas, su música cayó en el olvido.
En el siglo XX, investigaciones en archivos italianos permitieron recuperar numerosos manuscritos. Desde entonces, su catálogo ha sido revalorado, y su figura ocupa hoy un lugar central en la historia de la música.
El Diálogo de las Cuerdas: Vivaldi y el Concierto RV 547
"La música de Vivaldi no busca la introspección, busca la luz y el movimiento de un mundo que se descubre a sí mismo."
El Concierto para violín y violonchelo en Si bemol mayor, RV 547, es una de las obras más brillantes y menos exploradas de Antonio Vivaldi. Fue compuesto en Venecia durante la primera mitad del siglo XVIII, cuando la ciudad era el centro del espectáculo en Europa. La música no era solo arte: constituía una moneda de cambio social y político.
Vivaldi escribió esta obra para las talentosas músicas del Ospedale della Pietà. A diferencia de otras instituciones similares, este orfanato funcionaba como una academia de élite. Las jóvenes ejecutaban instrumentos con una destreza que atraía a reyes y diplomáticos de todo el continente.
Este concierto rompe con la jerarquía instrumental tradicional. Al colocar al violonchelo como solista junto al violín, Vivaldi elevó a un instrumento que usualmente cumplía función de acompañamiento a un rol protagónico. Esta decisión anticipa desarrollos posteriores en la música de cámara y el concierto para solistas múltiples.
No existe un registro exacto de la fecha del estreno, pero la obra pertenece al período de mayor madurez creativa del compositor.
Características Musicales Principales
Contrapunto ágil. Los dos solistas no compiten entre sí: conversan. Vivaldi utiliza el intercambio de frases para crear dinamismo y tensión controlada. Innovación en el tratamiento del violonchelo. Es una de las primeras obras donde el violonchelo muestra virtuosismo en el registro agudo, imitando la agilidad del violín y expandiendo las posibilidades técnicas del instrumento. Estructura veneciana. Mantiene el esquema clásico de tres movimientos: rápido–lento–rápido, característico del concierto barroco italiano. Economía de recursos. La orquesta de cuerdas y el bajo continuo sirven de marco funcional sin opacar el brillo de los solistas. La claridad textural permite que cada voz sea audible en todo momento.
Descripción de los Movimientos
I. Allegro
El primer movimiento comienza con una exposición enérgica del tema a cargo de la orquesta. Cuando entran los solistas, lo hacen mediante una técnica de imitación: lo que toca el violín, lo responde el violonchelo una octava más abajo. El movimiento está construido con escalas rápidas y arpegios que exigen coordinación precisa entre ambos solistas. El ritmo es constante y motor, rasgo distintivo del barroco italiano.
II. Andante
Constituye el núcleo expresivo de la obra. Vivaldi reduce la instrumentación y deja a los solistas casi en solitario, acompañados únicamente por el bajo continuo. La melodía es extensa y lírica, cercana al estilo de una aria operística. El violonchelo despliega una voz profunda mientras el violín adorna la línea superior con notas sostenidas. Es un momento de calma que permite apreciar el timbre característico de ambos instrumentos.
III. Allegro molto
El cierre es una explosión de virtuosismo. El ritmo se vuelve más articulado y enérgico. Vivaldi exige cambios de posición rápidos y un manejo del arco muy preciso. Los diálogos entre los solistas se acortan, generando una sensación de persecución musical. La obra concluye de forma rotunda, reafirmando la tonalidad de Si bemol mayor con un carácter festivo y brillante.
Aportación a la Música
El RV 547 es una obra fundamental para comprender la evolución de la música de cámara. Vivaldi demostró que el violonchelo podía ser tan expresivo y ágil como el violín, rompiendo con la concepción predominante que lo limitaba a funciones de acompañamiento.
Esta obra preparó el camino para dos géneros posteriores: La sinfonía concertante del período clásico. Los dobles conciertos para instrumentos de registro contrastante, que encontrarían su pleno desarrollo en compositores como Brahms.
En el ámbito académico, este concierto se estudia por su equilibrio formal. Vivaldi logra que dos voces de registros tan diferentes se complementen sin que una absorba a la otra. Constituye una lección magistral sobre cómo escribir para solistas múltiples manteniendo la claridad armónica y la energía que define al barroco veneciano.
Hoy, el RV 547 sigue siendo una pieza central en el repertorio de dúos que buscan explorar las raíces del virtuosismo en las cuerdas. Su vigencia confirma la maestría de Vivaldi para combinar innovación técnica y eficacia expresiva.
ANTONIO VIVALDI (1678-1741). CONCIERTO PARA TRES VIOLINES EN FA MAYOR, RV 551. Duración aproximada: 11 minutos.
Tres Voces en Equilibrio: El Concierto para tres violines, RV 551, de Antonio Vivaldi
"Cuando tres solistas dialogan con claridad, la forma barroca revela su arquitectura."
A inicios del siglo XVIII, Venecia mantenía una intensa actividad musical. La ciudad no era solo un centro comercial y político, sino también la capital europea de la música instrumental. Las instituciones benéficas, en especial el Ospedale della Pietà, formaban instrumentistas de alto nivel que atraían a visitantes de toda Europa.
Vivaldi compuso el RV 551 para las jóvenes del Ospedale. En esta institución, las "figlie di coro" —hijas del coro— recibían una educación musical tan exigente que se convirtieron en las solistas más renombradas de Italia. Los nombres de algunas de ellas —Anna Maria, Chiaretta, Santa— han llegado hasta nosotros como probables intérpretes originales de estas obras.
El concierto refleja una estructura social de colaboración: no hay un solo líder, sino tres voces iguales que deben cooperar con sincronía absoluta y manejo del arco impecable. Es testimonio de la avanzada pedagogía de Vivaldi, quien desafiaba a sus alumnas con obras que exigían precisión colectiva.
La publicación de L'estro armonico en Ámsterdam, en 1711, marcó un punto decisivo. La edición impresa facilitó la circulación de los conciertos vivaldianos en Alemania, Francia e Inglaterra. El modelo del concierto italiano, con su estructura clara y su vitalidad rítmica, influyó en compositores posteriores, entre ellos Johann Sebastian Bach.
No existe documentación precisa sobre la primera ejecución pública del RV 551. La publicación en 1711 sugiere que la obra ya circulaba en Venecia antes de esa fecha. Es probable que se interpretara en los conciertos habituales de la Pietà. La ausencia de datos específicos es coherente con la práctica del periodo: el concierto no se concebía como evento aislado con registro formal detallado, sino como parte del repertorio activo.
Descripción de los Movimientos.
I. Allegro.
El primer movimiento inicia con un ritornello firme y vigoroso. La orquesta establece el material temático principal con ritmo definido y energía constante. Tras la exposición inicial, los tres violines ingresan en diálogo escalonado. La genialidad de Vivaldi reside en la distribución del espacio sonoro: los solistas se contestan como en una conversación animada, utilizando pasajes de escalas rápidas y notas repetidas que generan una sensación de energía inagotable. Las modulaciones conducen a tonalidades cercanas. Cada regreso del ritornello reafirma la estructura. El movimiento concluye con claridad tonal y equilibrio formal.
II. Adagio / Andante.
El segundo movimiento reduce la textura. La atmósfera es contenida, íntima. Vivaldi emplea un recurso singular: mientras dos violines realizan un acompañamiento en pizzicato —pellizcando las cuerdas, a imitación de una mandolina o un arpa—, el primer violín despliega una melodía extensa y lírica. Posteriormente, los roles se intercambian. Es una sección casi minimalista, donde el silencio y la resonancia de las cuerdas adquieren tanta importancia como las notas mismas. La economía de recursos ofrece un contraste expresivo respecto al movimiento inicial.
III. Allegro.
El movimiento final retoma el impulso rítmico con carácter vivo y festivo. La textura se asemeja a una danza rápida, cercana a la giga. El ritornello reaparece como elemento organizador. Los episodios solistas exploran secuencias y figuraciones ágiles. En algunos pasajes, los tres violines tocan en unísonos potentes para luego separarse en arpegios cruzados. La dificultad radica en la afinación colectiva: al ser tres instrumentos de timbre idéntico, cualquier desfase resulta evidente. La conclusión es directa y rotunda, reafirmando la tonalidad principal con brillantez.
Aunque el RV 551 no es tan difundido como algunos conciertos para violín solista, representa con claridad el modelo formal que Vivaldi estableció. La combinación de tres solistas demuestra la flexibilidad del esquema estructural del concierto barroco para albergar configuraciones diversas sin perder claridad.
EDUARDO ANGULO (1954). CONCIERTO PARA ARPA Y CUERDAS Duración aproximada: 40 minutos.
Eduardo Angulo: Oficio, Identidad y Escena Contemporánea Mexicana
"La música no necesita ornamento; necesita estructura y sentido." — Eduardo Angulo
Eduardo Angulo pertenece a una generación de compositores mexicanos que consolidaron la profesionalización de la composición en México durante la segunda mitad del siglo XX. Su formación ocurre en un periodo de institucionalización cultural: conservatorios y universidades fortalecen la enseñanza musical, y surgen encargos públicos y privados.
Estudió en el Conservatorio Real de La Haya, lo que le otorgó una visión cosmopolita de la música. Esta experiencia en el extranjero, combinada con su origen mexicano, definió una postura singular: no renunciar a la formación europea para ser auténticamente mexicano, sino permitir que ambos mundos convivieran en su escritura.
La música contemporánea mexicana enfrentaba entonces el reto de dialogar con la tradición nacional y las influencias internacionales. Angulo participa en ese debate sin adoptar posturas radicales. No rompe con el pasado, pero tampoco lo reproduce sin crítica. Su obra conecta a la orquesta sinfónica con el público general: integra ritmos de danza y melodías cercanas sin perder la sofisticación del concierto formal.
Su actividad docente, desarrollada en instituciones mexicanas, ha influido en nuevas generaciones de compositores e intérpretes. La enseñanza constituye una parte fundamental de su aportación cultural.
Eduardo Angulo representa una postura de claridad estructural dentro de la música mexicana contemporánea. Su escritura evita gestos innecesarios; prefiere la construcción sólida y el discurso comprensible.
Su trabajo confirma que la modernidad musical no exige ruptura permanente. Puede construirse desde el equilibrio, el análisis y la continuidad histórica. La tradición no es un lastre, sino un punto de partida. El lenguaje actual no implica renuncia a la comunicación, sino búsqueda de nuevas formas de decir lo esencial.
Angulo ha construido así un cuerpo de obra que dialoga con su tiempo sin perder de vista la permanencia de la forma, la claridad de la estructura y la necesidad de sentido que toda música, contemporánea o clásica, debe satisfacer.
Claridad y Color: El Concierto para arpa y cuerdas de Eduardo Angulo
"El arpa no es adorno; es arquitectura sonora." — Eduardo Angulo
El concierto fue compuesto en 1982, en la Ciudad de México y, según palabras del propio compositor, es más holandesa que mexicana debido a que “refleja los tranquilos paisajes de los Países Bajos en los números extremos y los bosques mágicos de Tolkien en el movimiento central.”
Eduardo Angulo, formado en México y en el Conservatorio Real de La Haya, pertenece a una corriente que prioriza la comunicatividad y la belleza melódica sobre la experimentación abstracta. Su obra refleja ese momento en que los compositores buscan equilibrio entre modernidad técnica y accesibilidad auditiva. No propone ruptura radical, sino continuidad con actualización.
La obra cumple una función integradora. El arpa tiene una presencia histórica muy fuerte en México: desde el arpa jarocha veracruzana hasta el arpa de mariachi, el instrumento forma parte del imaginario sonoro nacional. Angulo aprovecha esa identidad cultural para elevar el instrumento al formato de concierto sinfónico, estableciendo un diálogo entre la tradición popular de las cuerdas pulsadas y la modernidad compositiva académica.
Este concierto ha permitido que solistas internacionales volteen a ver la producción mexicana contemporánea. Ofrece un lenguaje cosmopolita con acentos locales refinados, lo que ha facilitado su programación en México y en el extranjero. No es solo música de exhibición: es un diálogo social entre la tradición instrumental mexicana y las formas del concierto europeo.
El estreno se realizó el 13 de julio de 1989 en el Museo Franz Mayer con la Orquesta del Conjunto de Cámara de la Ciudad de México, bajo la dirección de Benjamín Juárez y Constance Popova como solista.
Descripción de los Movimientos
I. Allegro vivace
El primer movimiento establece un carácter decidido y luminoso. Comienza con una exposición rítmica en las cuerdas que prepara la entrada del arpa. La relación entre solista y orquesta es de colaboración constante.
II. Allegretto grazioso
Constituye el centro expresivo de la obra. La densidad sonora se reduce, y la textura se vuelve más transparente. Las cuerdas sostienen acordes largos o figuras suaves que funcionan como un colchón sonoro sedoso.
III. Finale: Allegro molto
El movimiento final retoma el impulso rítmico con mayor vitalidad. El carácter es juguetón y festivo. El arpa ejecuta patrones ágiles y pasajes de articulación precisa.
El Concierto para arpa y cuerdas de Eduardo Angulo muestra disciplina formal y conocimiento instrumental profundo. Mantiene un diálogo equilibrado entre tradición y actualidad, entre la herencia académica europea y la identidad sonora mexicana.
La obra aporta al repertorio mexicano una pieza concertante estructurada, comprensible y técnicamente bien resuelta. En ella, el arpa adquiere centralidad sin perder integración colectiva. No es un adorno dentro de la orquesta; es arquitectura sonora con función estructural definida.
Su permanencia en los programas de concierto y su estudio en el ámbito académico confirman su vigencia. La obra de Angulo demuestra que la modernidad musical puede construirse desde el equilibrio, la claridad y la continuidad histórica, sin renunciar a la comunicación con el oyente.
CÉCILE CHAMINADE (1857-1944). CONCERTINO PARA FLAUTA Y ORQUESTA EN RE MAYOR, OP 107. Duración aproximada: 8 minutos
Cécile Chaminade: Oficio, Elegancia y Presencia Femenina en la Belle Époque
"No escribo para demostrar que soy mujer; escribo para hacer música." — Cécile Chaminade
Cécile Chaminade desarrolló su carrera durante la Tercera República francesa, en el periodo conocido como Belle Époque. La vida musical parisina estaba marcada por el Conservatorio, los salones aristocráticos y la ópera. Las mujeres tenían acceso limitado a los estudios formales de composición.
Su familia apoyó su formación privada. Aunque no ingresó oficialmente al Conservatorio de París —prohibido para mujeres en estudios superiores de composición—, recibió orientación de músicos reconocidos, incluido Georges Bizet. Esta educación personalizada le permitió desarrollar un oficio sólido sin someterse a las restricciones institucionales de la época.
La Belle Époque valoraba la sofisticación y el virtuosismo doméstico. El mercado editorial favorecía las piezas breves para piano de salón, destinadas a intérpretes aficionados de clase media y alta. Chaminade entendió perfectamente ese entorno y publicó obras accesibles pero bien construidas, que alcanzaron amplia difusión internacional. X En 1913 fue nombrada Caballero de la Legión de Honor, una distinción inusual para una compositora en ese momento. Este reconocimiento oficial consolidó su posición como figura pública y profesional.
Aportación a la Música.
Profesionalización Femenina. Chaminade consolidó una presencia femenina visible en el ámbito profesional europeo. Demostró que una compositora podía sostener una carrera internacional sin depender de un rol exclusivamente pedagógico o doméstico. Fue de las primeras en gestionar sus propios derechos de autor y su promoción, demostrando que la composición podía ser una carrera rentable para las mujeres.
Brillantez y Lirismo: El Concertino para flauta y orquesta, Op. 107, de Cécile Chaminade
"La melodía debe respirar con naturalidad, incluso en la virtud técnica." — Cécile Chaminade
El Concertino fue compuesto en 1902, en plena Belle Époque francesa. París era entonces el centro de la innovación artística europea, y el Conservatorio de París funcionaba como institución formativa clave. Los concursos internos exigían obras nuevas que evaluaran técnica, sonido y musicalidad en los aspirantes.
El encargo a Chaminade provino de Théodore Dubois, director del Conservatorio. La elección de una compositora para la pieza obligatoria de flauta no era habitual. Refleja el reconocimiento que Chaminade había alcanzado como pianista y compositora, más allá del ámbito del salón doméstico.
La versión original solo fue realizada para flauta y piano, y se presentó inicialmente como pieza de examen, interpretada por estudiantes destacados del Conservatorio. No se trató de un estreno de temporada sinfónica formal, sino de una audición académica. Sin embargo, la obra trascendió ese contexto y Cécile la orquesto y dedicó a Claude-Paul Taffanel, flautista y pedagogo, fundador de la escuela moderna de flauta. Pronto ingresó al repertorio profesional y fue interpretada por las principales orquestas sinfónicas europeas durante las giras de la compositora.
Aunque la obra se interpreta sin interrupciones, pueden distinguirse tres grandes secciones internas que funcionan como movimientos de una sonata continua.
I. Moderato (Tema principal)
La obra abre con una introducción orquestal breve. La flauta entra con un tema cantabile en Re mayor. La línea es amplia, elegante y expresiva. Exige control del aire y vibrato refinado. La orquesta responde con suavidad, estableciendo un diálogo de apoyo constante. Esta sección representa la estabilidad y la gracia del estilo francés. El lirismo es contenido pero presente. Después aparece una sección más animada dentro del Moderato. El tempo aumenta ligeramente. La escritura técnica se intensifica con escalas ascendentes y descendentes. El diálogo entre solista y orquesta es claro: la orquesta expone fragmentos temáticos que la flauta retoma y desarrolla.
II. Sección central (Desarrollo y agitación)
El ritmo se vuelve más movido. Chaminade introduce modulaciones y pasajes de escalas cromáticas que añaden tensión. La flauta deja el lirismo inicial para mostrar agilidad. Hay un uso intensivo del registro agudo, que exige proyección clara y homogeneidad tímbrica. La orquesta se vuelve más rítmica, impulsando al solista hacia el clímax de la obra. Esta sección exige control dinámico y afinación precisa. El fraseo debe mantener continuidad a pesar de la mayor agitación.
III. Cadenza y Presto final
Uno de los puntos críticos es la cadenza. Es el momento donde el solista toca solo, sin acompañamiento, realizando una síntesis de las dificultades técnicas presentadas. Chaminade no indica una cadenza escrita fija; con frecuencia se interpretan versiones que sintetizan el material temático. Tras la cadenza, la obra entra en una sección de coda rápida (Presto) . Los ritmos se vuelven festivos y el pulso se acelera. Aparecen pasajes rápidos, articulaciones claras y saltos interválicos amplios. La conclusión es directa y brillante. Toda la orquesta reafirma la tonalidad principal en un unísono potente. No hay extensión innecesaria.
El Concertino para flauta y orquesta, Op. 107, de Cécile Chaminade combina forma clara, lirismo constante y virtuosismo controlado. Nació en un entorno académico específico —el concurso del Conservatorio de París— pero superó ese marco.
Hoy se interpreta como obra independiente dentro del repertorio romántico francés para flauta. Su vigencia responde a su coherencia estructural, a la naturalidad de su discurso melódico y al equilibrio alcanzado entre exigencia técnica y expresividad.
La obra confirma que Chaminade no fue una compositora de salón circunstancial. Fue una profesional con oficio sólido, capaz de escribir para instrumentos diversos y de sostener un discurso musical que permanece vivo más de un siglo después.
CARL STAMITZ (1857-1944). SINFONÍA CONCERTANTE PARA VIOLÍN Y VIOLA EN RE MAYOR NÚM. 20. Duración aproximada: 20 minutos
Carl Stamitz: Claridad Clásica y Virtuosismo Itinerante
"La elegancia está en el equilibrio." — Carl Stamitz
Carl Stamitz desarrolló su carrera en la segunda mitad del siglo XVIII, un periodo de transición entre el estilo galante y el clasicismo maduro. Fue una época de cambio radical: la música comenzó a salir de las cortes hacia las salas de concierto públicas, y los músicos iniciaron una vida profesional más independiente.
Mannheim era entonces un centro orquestal de primer nivel en Europa. La corte del Elector del Palatinado mantenía una orquesta reconocida por su disciplina, su nivel técnico y sus innovaciones dinámicas. Los célebres crescendos de Mannheim —prolongados aumentos graduales de volumen— y los efectos orquestales como el Mannheimer Rakete (cohete de Mannheim: un arpegio ascendente rápido) impresionaban a los visitantes de toda Europa. La orquesta fue descrita como "un ejército de generales" por la calidad individual de sus miembros.
Carl heredó esta tradición de su padre, Johann Stamitz, fundador de la escuela. Tras la reorganización de la corte y la dispersión de la orquesta, Carl emprendió una carrera itinerante característica del músico ilustrado. Actuó en París, Londres, San Petersburgo y otras ciudades, dependiendo de encargos, conciertos públicos y mecenazgo independiente.
Esta itinerancia le permitió difundir el "estilo de Mannheim" por todo el continente, influyendo directamente en el joven Wolfgang Amadeus Mozart, quien admiraba la sonoridad y la disciplina de las orquestas formadas en esa tradición.
Carl Stamitz ocupa un lugar específico en la historia musical: el del músico que hereda una tradición, la perfecciona y la difunde en un momento de transformación profunda.
Su obra refleja claridad estructural, equilibrio formal y un virtuosismo siempre controlado por el diálogo orquestal. Sus conciertos para clarinete y viola ampliaron el repertorio de instrumentos que buscaban su lugar en la orquesta clásica. Su actividad itinerante llevó el sonido de Mannheim por toda Europa, influyendo en la generación siguiente.
El contraste entre su éxito artístico y sus dificultades económicas —agravadas por su insólita afición a la alquimia— ilustra las condiciones reales del músico itinerante en el siglo XVIII. Pero más allá de las anécdotas personales, su legado permanece en cada estudiante que interpreta sus conciertos como primer paso hacia el virtuosismo profesional.
Diálogo Clásico en Escena: La Sinfonía concertante para violín y viola de Carl Stamitz
"El contraste es más claro cuando las voces se escuchan con igualdad." — Carl Stamitz
La obra surge en un momento de transformación profunda en la vida musical europea. Las cortes disminuyen su papel exclusivo como centros musicales, y los conciertos públicos ganan relevancia. París se convierte en el mercado musical más lucrativo del continente, atrayendo a compositores alemanes e italianos.
El género de la sinfonía concertante nace precisamente para satisfacer el gusto del público parisino. Este formato híbrido permitía combinar dos elementos apreciados: el virtuosismo individual de los solistas y la potencia colectiva de la orquesta sinfónica. La sinfonía concertante ofrecía así una experiencia más variada que el concierto tradicional para un solo instrumento.
La Escuela de Mannheim influyó de manera decisiva en Stamitz. Su disciplina orquestal, sus efectos dinámicos —especialmente los célebres crescendos— y su precisión rítmica eran reconocidos en toda Europa. Stamitz, hijo de Johann Stamitz, continuó esa tradición en un entorno más cosmopolita, adaptándola a las expectativas del público parisino.
La obra se interpretó probablemente en el marco de los Concerts Spirituels, institución central en la vida musical pública francesa. Estos conciertos, los primeros abiertos al público general, constituían el escaparate más importante para los compositores que buscaban reconocimiento en París.
No existe documentación precisa sobre la fecha exacta de estreno. Se sabe que la obra circuló en París hacia finales de la década de 1770. En ese periodo, Stamitz participaba como violinista y violista solista en varias presentaciones. Es razonable suponer que él mismo interpretó la parte de viola en las primeras ejecuciones, mientras que la parte de violín habría sido ejecutada por un instrumentista destacado de la orquesta parisina. La dirección, como era habitual, recaía en el primer violín o en el propio compositor.
Descripción de los Movimientos
I. Allegro moderato
Es el movimiento más extenso y complejo formalmente. Adopta la forma sonata con exposición, desarrollo y recapitulación. La orquesta presenta los temas principales con energía y claridad. Tras la exposición orquestal, ingresan los solistas. El violín presenta material virtuoso, con pasajes ágiles y ornamentaciones. La viola responde con frases de igual relevancia técnica y expresiva.
II. Romanza: Andante
Constituye el centro lírico de la obra. Stamitz abandona el brillo técnico para concentrarse en la expresividad. Predomina el carácter cantabile. Los solistas intercambian líneas líricas extensas. La viola muestra su registro más cálido y profundo, dialogando con la dulzura del violín. La orquesta se mantiene en un plano secundario, con textura ligera y dinámica contenida, creando un acompañamiento casi transparente.relevancia radica en ser un motor de cohesión comunitaria: el ritmo acelerado genera una catarsis colectiva que reafirma el vigor de la cultura huasteca frente al paso del tiempo. Es, sin duda, la prueba definitiva de agilidad para cualquier trío tradicional.
III. Rondo: Allegretto
El movimiento final adopta forma de rondó. El carácter es festivo y danzable. El tema principal es rítmico y fácilmente reconocible. Reaparece varias veces a lo largo del movimiento, alternando con episodios contrastantes. En estos episodios, los solistas enfrentan pasajes de mayor velocidad: escalas rápidas, arpegios y figuraciones ágiles. La estructura permite que el tema regrese periódicamente, intercalado con secciones donde el violín y la viola compiten amistosamente por el protagonismo técnico. La orquesta refuerza el ritmo con energía.
La Sinfonía concertante para violín y viola de Carl Stamitz representa un momento clave en la evolución del concierto clásico. La obra sintetiza la herencia orquestal de Mannheim con el gusto parisino por el virtuosismo elegante.
Su rasgo más innovador es el equilibrio entre violín y viola. Stamitz demuestra que la viola puede ser tan ágil y expresiva como su instrumento hermano, abriendo un camino que Mozart continuaría. El diálogo entre ambos instrumentos —alternando imitaciones, pasajes paralelos y episodios solistas— constituye el núcleo expresivo de la obra.
Hoy, esta sinfonía concertante se estudia como ejemplo de claridad formal y de escritura equilibrada para solistas múltiples. Es también una lección de ingeniería sonora sobre cómo combinar dos timbres distintos en un entorno orquestal sin perder transparencia. Su permanencia en el repertorio confirma la vigencia de sus soluciones formales y la calidad de su invención melódica.
PABLO DE SARASATE (1844-1908). AIRES GITANOS, OP. 20 Duración aproximada: 10 minutos.
Pablo de Sarasate: Virtuosismo con Identidad Propia
"Para tocar bien no basta la técnica; hace falta estilo." — Pablo de Sarasate
Sarasate desarrolló su carrera en la segunda mitad del siglo XIX, periodo marcado por el auge del virtuoso solista. Los grandes teatros europeos y americanos recibían a figuras itinerantes que recorrían el continente ofreciendo conciertos. Sarasate formó parte de ese circuito internacional, actuando como una celebridad global en la era romántica.
En el plano cultural, fue un periodo de nacionalismos musicales. Compositores de diversas regiones buscaban integrar elementos de su cultura popular en la música de concierto. Sarasate representó una identidad española en escenarios dominados por el repertorio germánico y francés. Su figura actuó como embajador cultural de España en una época donde lo "exótico" español fascinaba en París, Viena y Londres.
Encarnó un nuevo tipo de músico: el intérprete que no solo ejecuta, sino que también compone para su propio instrumento, adaptando el repertorio a sus capacidades y proyectando una imagen artística refinada y coherente.
Su formación en el Conservatorio de París fue decisiva. Obtuvo el Primer Premio de violín, lo que le abrió las puertas de los circuitos profesionales franceses y, desde allí, del resto de Europa.
Pablo de Sarasate representa el virtuosismo con identidad propia. Su técnica depurada, su sonido puro y su elegancia escénica definieron un modelo de intérprete que trascendió su época.
Su obra integra lo español en el repertorio internacional sin perder rigor formal ni caer en el pintoresquismo superficial. Las danzas y fantasías que compuso siguen vigentes en las salas de concierto y en las aulas de los conservatorios.
Más allá de su catálogo, Sarasate contribuyó a definir las posibilidades técnicas del violín moderno y a inspirar a compositores que encontraron en su talento el vehículo ideal para sus creaciones. Su figura confirma que la técnica, por sí sola, no basta: hace falta estilo. Y estilo, en Sarasate, significaba claridad, elegancia y una identidad sonora inconfundible.
Aires gitanos, Op. 20: Virtuosismo y Proyección Internacional
"El violín debe cantar con libertad." — Pablo de Sarasate
La segunda mitad del siglo XIX consolidó la figura del virtuoso itinerante. El público europeo acudía a las salas de concierto no solo para escuchar música, sino para presenciar destreza técnica y presencia escénica. Sarasate formó parte de ese circuito internacional, actuando en los principales teatros del continente.
En 1878, Europa vivía una fiebre por lo exótico. Los compositores románticos buscaban sonidos fuera del rigor académico alemán, inspirándose en músicas populares y tradicionales de diversas regiones. La referencia a lo "gitano" respondía a ese interés romántico por lo nacional y lo pintoresco.
Sarasate compuso Zigeunerweisen tras un viaje a Budapest. La obra no es música gitana pura, sino una visión estilizada del folclore húngaro, específicamente del estilo csárdás, filtrada por el virtuosismo de la escuela franco-belga en la que se había formado. Socialmente, la pieza consolidó a Sarasate como un embajador cultural que unía la técnica de salón con la pasión de las danzas populares.
El estreno tuvo lugar en Leipzig con la Orquesta de la Gewandhaus. El solista fue el propio Sarasate, y la dirección estuvo a cargo de Adolf Brodsky como concertador. La obra fue concebida desde su origen como pieza de concierto para lucimiento del intérprete, no como transcripción etnográfica.
Aunque la obra es continua, pueden distinguirse cuatro secciones con carácter y función específicos.
1. Moderato (Introducción)
La orquesta abre con una introducción breve de carácter heroico. El violín entra con autoridad, estableciendo un tono dramático y señorial. Presenta el tema principal con un tempo flexible (rubato amplio) que permite al solista desplegar una línea cantabile llena de elegancia. El carácter es introspectivo, pero con proyección. La escritura exige control del arco y un sonido pleno en el registro medio-grave.
2. Lento
Sección de lirismo intenso, el núcleo expresivo de la obra. El violín desarrolla una melodía amplia, de carácter improvisatorio, que imita el canto del pueblo romaní. Abundan los adornos, las notas largas con vibrato expresivo y las escalas que ascienden y descienden con suavidad. El fraseo requiere control absoluto del arco y afinación precisa en los registros agudos. Es la parte más emotiva y "vocal" de la pieza, donde el violín parece hablar directamente al oyente.
3. Un poco più lento
Sección breve pero crucial. El solista utiliza la sordina para crear un sonido distante, casi fantasmal. La melodía se basa en un tema que Sarasate escuchó en Hungría, interpretado aquí con delicadeza extrema. Aparecen armónicos y pasajes en dobles cuerdas que enriquecen el color tímbrico. La exigencia de afinación es máxima, especialmente en los registros más agudos. El carácter es íntimo y contenido.
4. Allegro molto vivace
El cierre es un torbellino de virtuosismo. La sección adopta el carácter de una danza csárdás a máxima velocidad. El ritmo es vivo y marcado, con acentos que evocan la danza popular.
Zigeunerweisen, Op. 20, de Pablo de Sarasate, representa la síntesis perfecta entre virtuosismo técnico y expresión musical. La obra combina el lirismo de la tradición vocal con la pirotecnia propia del gran concertista romántico.
Su estructura contrastante, su escritura idiomática y su capacidad para evocar el carácter del folclore húngaro la han mantenido vigente durante más de 140 años. No es solo una pieza de lucimiento: es una obra que exige comprensión del estilo, control técnico y sensibilidad expresiva.
Sarasate demostró con esta obra que un violinista podía ser también un compositor de primer nivel, capaz de crear un repertorio propio que dialogara con las tradiciones populares sin perder refinamiento. Hoy, Aires gitanos sigue siendo el alma del violín que canta, llora y danza con la elegancia inconfundible de un caballero español.
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Notas del programa: Roberto F. Smith C.

Ligia Amadio, directora huésped
La directora brasileña Ligia Amadio es titular de la Orquesta Sinfónica de Minas Gerais. Ha sido directora musical de la Orquesta Filarmónica de Montevideo (2017-2021), directora artística de la Orquesta Filarmónica de Bogotá, directora musical y artística de la Orquesta Sinfónica de Río de Janeiro (1996-2008) y directora musical de la Orquesta Municipal de Campinas, en Brasil. Ha dirigido orquestas como la Filarmónica de Baden-Baden, la Sinfónica de Jerusalén, la Sinfónica de la Radio de los Países Bajos, la Sinfónica de Islandia, la Filarmónica de Málaga, la Sinfónica de la Radio y Televisión de Eslovenia, la Filarmónica de Tailandia, la Filarmónica de Buenos Aires, la Orquesta Estable del Teatro Colón, la Orquesta Filarmónica de Málaga y la OFUNAM. Fue la primera mujer en ganar el Concurso Internacional de Dirección Orquestal de Tokio (1997) y obtuvo el primer premio en el Concurso Internacional de Santiago de Chile (1998). Es creadora del Movimiento Mujeres Directoras y del Simposio Internacional Mulheres Regentes / Mujeres Directoras / Women Conductors, realizado en São Paulo (2016), Montevideo (2018) y en formato virtual (2020), con la participación de 976 personas de 36 países. Este proyecto fue finalista del Classical: NEXT Innovation Award en 2019, en Rotterdam. En 2021 fue reconocida como Mejor Directora del Año por la Asociación de Críticos de São Paulo. En 2022 recibió el Premio Nacional Clásica, en Buenos Aires, en la categoría Política con Perspectiva de Género. En 2024 participó en la sede del Banco Interamericano de Desarrollo, en Estados Unidos, con una conferencia sobre "Brecha de Género a través del Arte y Cultura"
Ekaterine Martínez, violín
Originaria de Oaxaca, Ekaterine Martínez recibió sus primeras enseñanzas musicales de su padre, Arturo Martínez San Juan. Estudió en la Escuela de Música Vida y Movimiento del Conjunto Cultural Ollin Yoliztli con Natalia Gvozdetskaya. Ha tomado clases magistrales con Richard Luby, Carlos Chiarrapa, Leon Spirer, Zoria Schijmurzaeva y Christian Bor. Ha participado en festivales en Estados Unidos y Bélgica. De 2001 a 2004 estudió con Michael Kugel en el Real Conservatorio de Gante. Ha formado parte de la Orquesta Sinfónica Carlos Chávez y la Sinfónica de Minería. Ha tocado música de cámara con el Cuarteto Dainzú, la Orquesta de Cámara de la Sociedad Mexicana dirigida por Jorge Velazco, el Cuarteto de la Ciudad de México y el Cuarteto Martínez Bourguet. En Luxemburgo participó en la producción de la ópera eslovaca contemporánea Tête-a-Tête. Ha ofrecido conciertos en Holanda y Bélgica y tocó con el Orlandusensemble que dirige Peter Ledaine. Desde 1993 es integrante de la Filarmónica de la UNAM.
Beverly Brown, violonchelo
Tras comenzar con el aprendizaje del piano y flauta, Beverly Brown eligió el violonchelo a los 10 años. Participó en el programa All-State de la Academia de Artes Interlochen, formó parte de la Sinfónica Juvenil de Michigan y estudió con Oliver Edel en la Universidad de Michigan, donde se graduó con honores. Cursó una maestría con Mihaly Virizlay en el Conservatorio Peabody de la Universidad Johns Hopkins. En Maryland, fue violinista extra de la Sinfónica de Baltimore e integrante del Cuarteto Rogeri y ensamble Mount Vernon Chamber Players. Tras concluir su maestría fue invitada por Jorge Velazco a la Orquesta Sinfónica de Minería. En 1983 ingresó a la OFUNAM, con la que ha sido solista en varias ocasiones y en la que es violonchelista principal. En México ha tocado con La Camerata, la Orquesta del Festival Mozart Haydn, el Trío Embelese y el Cuarteto Edda. Ha sido asesora de la sección de violonchelos de la Orquesta Juvenil Universitaria Eduardo Mata e imparte clases particulares.
Mariana Valencia, violín
Nació en la Ciudad de México y comenzó su formación musical a los 7 años en la Escuela Nacional de Música de la UNAM, donde cursó la licenciatura en violín. Asimismo, estudió en la Escuela de Perfeccionamiento Ollin Yoliztli con Natalia Gvozdetskaya. Ha tomado clases de violín y música de cámara con Jorge Risi, Walter Levin, Hyo Kang y los cuartetos Tokio, Lark, Latinoamericano, Jerusalén, Casals y Penderecki. Se ha presentado en diversas salas del país. Forma parte del Cuarteto Arcano, ensamble ganador del Concurso Nacional de Cuartetos con el que se ha presentado en escenarios de México, Japón y varios países de Europa; en 2003 participó en un curso para cuartetos de cuerda con Rainer Schmidt en la Escuela Superior de Música Reina Sofía en Madrid España, al final de cual obtuvo un premio de manos de la propia Reina Sofía al mejor grupo. Formó parte de la Orquesta del Teatro de Bellas Artes y actualmente es integrante de la Filarmónica de la UNAM y la Sinfónica de Minería.
Ana Caridad Villeda, violín
Comenzó sus estudios de violín a los cinco años. Ha desarrollado una trayectoria destacada como intérprete, con presentaciones en diversas salas de concierto de Estados Unidos y dos giras por Japón. Ha sido invitada como solista con la Orlando Philharmonic y con diversas orquestas mexicanas, entre ellas la Orquesta Sinfónica del Instituto Politécnico Nacional, la Orquesta Filarmónica de Jalisco, la Orquesta de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo y la Orquesta Sinfónica de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, entre otras. Fue concertino de la Orquesta Sinfónica Juvenil Carlos Chávez (2010-2015), de la Orquesta Juvenil Universitaria Eduardo Mata (2016-2017), de la College of Charleston Symphony Orchestra (2017-2018) y como segundo concertino interino de la Orquesta de Cámara de Bellas Artes (2018). Actualmente es principal adjunto de violines en la Orquesta del Teatro de Bellas Artes, además es miembro de la Orquesta Sincrophonia y de la Orquesta Sinfónica de Minería.
Alma Osorio, violín
Comenzó a tocar violín a los 8 años en la Escuela de Iniciación a la Música y Danza Ollin Yoliztli, bajo la tutela de Jaime Turrubiartes. En 1990, ganó el Concurso Nacional de Violín Hermilo Novelo. En 1998, ingresó al Centro Cultural Ollin Yoliztli para estudiar con Natalia Gvozdetskaya. Ha tomado cursos en el Festival de Música de Cámara de San Miguel de Allende, el Festival de Música de Texas, el Encuentro Latinoamericano de Caracas en Venezuela, el Festival de Música de Campos do Jordao en Brasil con Kurt Massur y con la Orquesta Simón Bolívar dirigida por Claudio Abbado. Ha formado parte de la Orquesta Sinfónica del Estado de Hidalgo y la Sinfónica Carlos Chávez, en la que tuvo el puesto de violín segundo principal. En 2007, se integró a la Orquesta del Teatro de Bellas Artes. Es miembro de la Filarmónica de la UNAM desde 2009.
Nadejda Khovliaguina, violín
Nació en San Petersburgo y comenzó a tocar el violín a los 9 años con Ala Oparina. Posteriormente estudió con Lev Ivashenco en la Escuela Músorgski y en el Conservatorio Rimski-Kórsakov en San Petersburgo. Desde su llegada a México en 1995, ha participado en presentaciones con diversos grupos de música de cámara y como solista con la Orquesta Sinfónica del Instituto Politécnico Nacional (IPN) y la Sinfónica de Coyoacán. Con una trayectoria de más de 25 años, actualmente forma parte de la Sinfónica del IPN y la Filarmónica de la UNAM.
Ewa Turzanska, violín
Originaria de Polonia. Recibió sus primeras lecciones de violín a los 7 años. Estudió en la Escuela Karol Szymanowski y posteriormente ingresó al Conservatorio Karol Lipinski de Wroclaw, su ciudad natal. Durante sus años de formación, formó parte de la Orquesta Filarmónica de Wroclaw. Ha tomado cursos de violín, música de cámara y música sinfónica en Lancut, Polonia; Pommersfelden, Alemania y Saint-Ceré, Francia. En 1995, ingresó a la Orquesta Sinfónica y a la Orquesta de Cámara de Cali en Colombia. Posteriormente se integró a la Orquesta Sinfónica de Medellín. Desde 2000, forma parte de la sección de violines primeros de la Filarmónica de la UNAM. En varias ocasiones participó en el Festival Mozart-Haydn. Ha ofrecido conciertos de música de cámara en la Sala Carlos Chávez con otros integrantes de la OFUNAM.
Patricia Hernández, viola
Comenzó sus estudios de violín con su padre y continuó su formación en el Conservatorio Nacional de Música y en la Escuela de Perfeccionamiento “Ollin Yoliztli”, donde también estudió piano, percusiones y viola. Complementó su formación en diversos cursos de perfeccionamiento tanto en México como en el extranjero. Es miembro del Trío de Cuerdas Coghlan, con el cual ha estrenado y grabado más de quince obras de compositores mexicanos y ha realizado estrenos en México de repertorio internacional. Con esta agrupación ha participado en festivales como el Festival Internacional Cervantino, el Festival de México en el Centro Histórico, el Foro de Música Nueva “Manuel Enríquez” y el Festival de las Artes Escénicas de la Ciudad de México, entre otros. Ha grabado tres discos para el sello Urtext Digital Classics; una de sus grabaciones recibió el premio “Pantalla de Cristal” por la mejor música original en documental. Ha sido profesora en la Escuela Superior de Música, el Instituto Morelense de Cultura y actualmente es docente en la Facultad de Música de la UNAM. Además, colabora con la disquera Urtext como gerente de la Orquesta del Festival Urtext. Desde 1991 es integrante de la sección de violas de la Orquesta Filarmónica de la UNAM.
Alethia Lozano, flauta
Originaria de la Ciudad de México. Estudió la licenciatura en música en la Universidad de California en Santa Bárbara. Además, obtuvo la Medalla de Oro a la Unanimidad en nivel Superior y el Primer Premio de Excelencia a la Unanimidad de la Escuela Nacional de Ville d’Avray, Francia. Ha asistido a cursos de especialización en Estados Unidos, Francia, Inglaterra, Irlanda y México. Ha sido solista de diversas orquestas como la Sinfónica de Minería y la Orquesta de Cámara de Bellas Artes, y ha formado parte de numerosas orquestas mexicanas y extranjeras. Ha impartido clases en la Facultad de Música de la UNAM y en la Escuela Superior de Música del Instituto Nacional de Bellas Artes. Complementa su actividad musical participando en grabaciones para sellos independientes, proyectos audiovisuales, televisión e internet. Ha colaborado en proyectos multidisciplinarios con instituciones como el Museo de Condado de Los Ángeles en California y el Centro de Artes Interpretativas y Medios Experimentales de Nueva York. Actualmente es flautista principal de la Orquesta Filarmónica de la UNAM y la Sinfónica de Minería
Janet Paulus, arpa
Originaria de Nueva York. Comenzó su formación musical con Pearl Chertok. Continuó sus estudios en la Academia de Artes de Interlochen en Michigan y el Instituto de Música de Cleveland, donde recibió su título de licenciatura bajo la dirección de Alice Chalifoux. Tras graduarse, obtuvo el puesto arpista principal en la Orquesta Sinfónica del Estado de México y posteriormente en la Filarmónica de la Ciudad de México. En 1983 continuó su carrera musical en Nueva York, donde tocó como solista e integrante de grupos de cámara. Ha colaborado con la Orquesta de la Ópera Metropolitana, la Filarmónica de Nueva York, la Orquesta de la Ópera de Nueva York, la Orquesta de St. Luke’s, la Filarmónica de Brooklyn y la Sinfónica de San Francisco. Ha formado parte del comité organizador de diversos concursos y talleres de arpa en México y ha sido profesora en el Conservatorio de Brooklyn, la Escuela de Música de Manhattan, el Festival de Música de Morelia y, actualmente, la Facultad de Música de la UNAM y la Escuela Superior de Música del INBAL. Desde 1999 forma parte del dúo SONDOS junto a Mercedes Gómez. Actualmente, reside en México y ocupa el puesto de arpa principal en la Filarmónica de la UNAM, la Orquesta del Teatro de Bellas Artes y la Sinfónica de Minería.




